
La exposición invita al público a diseñar sus propias especies virtuales y sumarlas a un paisaje digital en expansión
La instalación Lego Botanical Wave se extiende a lo largo de un paseo marítimo de Shanghái (China), con experiencias interactivas donde los visitantes pueden cultivar sus propios jardines digitales. Desde el antiguo tanque de combustible aeronáutico de Shanghái, esta ola inmersiva XXL transforma un dispositivo industrial gris en un jardín multicolor, un paisaje botánico temporal con rosas, girasoles, tulipanes y otras plantas construidas con mini ladrillos. Los visitantes pueden armar sus propias flores, primero en un entorno virtual y luego en la ola gigante, que estará activa hasta fines de octubre.

Las flores se expanden por Tank Shanghai, un centro de arte contemporáneo sobre la ribera occidental del río Huangpu, en el distrito de Xuhui, de Shanghái. Antes, fue una estructura industrial gris. Ahora, sus 800 metros cuadrados sumaron colores vibrantes en la instalación que transformó el paisaje ribereño en un jardín colectivo que combina arte, naturaleza y participación del público.
Con más de 380 mil flores, que no necesitan agua ni luz solar, los ladrillitos encastrables le dan una vuelta creativa a su material. La ola botánica crece a casi 30 metros de largo y avanza sobre la explanada de hormigón, multiplicándose en la intervención urbana que juega con la escala, el color y la ilusión de un jardín en movimiento. El diálogo del paisaje floral, la arquitectura y el urbanismo genera impacto y millones de fotos viralizadas en las redes.

La intervención, bautizada LEGO Botanical Wave es el eje de LEGO Bloom Exhibition, la muestra que se puede ver hasta el 29 de octubre.
La escena plantea una paradoja: las flores artificiales no se marchitan, no atraen pájaros ni abejas. Pero, sin embargo, reproducen las formas orgánicas y los colores de la naturaleza. La expo propone otra manera de interpretar el jardín como un territorio de experimentación artística donde cada detalle es una pequeña construcción colectiva.
El escenario elegido tiene su propia historia. Tank Shanghai ocupa un antiguo predio vinculado al aeropuerto de Longhua, que fue una de las principales terminales aéreas de la ciudad durante buena parte del siglo XX. Allí funcionaban cinco grandes depósitos cilíndricos de acero destinados al almacenamiento de combustible para aviones. Las instalaciones se remontan a 1917 y, después del abandono de su función original, permanecieron como testimonios de la aeronáutica e industria de Shanghái.

En 2013 comenzó un proyecto de reconversión a cargo de OPEN Architecture, el estudio dirigido por los arquitectos Li Hu y Huang Wenjing. La intervención, inaugurada en 2019, conservó los cinco tanques y los transformó en salas de exposiciones, espacios para espectáculos, restaurantes y áreas culturales. La premisa fue recuperar el patrimonio industrial sin borrar sus huellas, integrándolo a un parque público abierto a la ciudad. El proyecto paisajístico fue clave para esta regeneración urbana. Una superficie ondulante, denominada Super Surface, conecta los depósitos a través de senderos, pendientes cubiertas de césped, jardines, plazas y recorridos peatonales. Su trazado en forma de Z permite atravesar el conjunto, subir a diferentes niveles y descubrir nuevas perspectivas del río y de los antiguos contenedores.

En el parque sí hay vegetación real. Árboles, plantas y espejos de agua que dialogan con una cascada escalonada son los protagonistas del paisaje natural. En ese contexto, esta instalación de ladrillitos invita a pensar las flores artificiales como habitantes de uno de los antiguos depósitos. Una metáfora que conecta el contenedor que alguna vez almacenó combustible con su transformación efímera, gracias a esta experiencia inmersiva que crece con el público. En el interior de uno de los tanques, el sector Where Blooms Begin, reúne 18 instalaciones realizadas por artistas de diferentes disciplinas, que combinan elementos botánicos de LEGO con metal, textiles, espejos y otros materiales.

Cada visitante construye sus propias flores, las escanea y las incorpora al jardín digital, proyectado en una pantalla envolvente de 360 grados. Así, el paisaje virtual crece con cada intervención y convierte al público en parte del proceso creativo.

La instalación propone una reflexión sobre el paisaje contemporáneo, la relación entre la naturaleza y lo artificial. Y se suma a la tendencia de regenerar viejas infraestructuras con huellas industriales para cambiarles la piel con experiencias artísticas colectivas.

