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Uno entra en Lur Garden creyendo que va a mirar plantas. Y, desde luego, las mira. Pero a medida que avanza descubre que lo verdaderamente interesante es la forma en que el jardín dirige la atención. Cada recorrido propone una perspectiva diferente, cada cambio de escala modifica la percepción del espacio y cada nueva escena invita a detenerse en algo que unos metros antes había pasado inadvertido.




