
Con senderos que quiebran la mirada, árboles elegidos con precisión y un “jardín prestado” que expande los límites, este proyecto demuestra cómo transformar pocos metros en un paisaje lleno de profundidad, color y rincones para quedarse
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En los jardines de dimensiones acotadas, cada decisión de diseño cuenta. Cuando el espacio es reducido, la clave está en potenciar las visuales, aprovechar el entorno y generar rincones que inviten a quedarse. Este proyecto de Maggie Cavanagh y Luz de Irigoyen demuestra cómo, con pocos elementos bien elegidos, es posible transformar un jardín pequeño en un paisaje lleno de profundidad, identidad y movimiento.
Por Belén de Ancizar

