
Su belleza es solo una parte de la historia: también ofrecen alimento, refugio y sitios de reproducción para numerosas especies
Hay árboles argentinos que tienen copas monumentales, hojas exuberantes y floraciones memorables. Lo más interesante es que, además de su belleza, forman parte de una compleja red de vida: alimentan polinizadores, ofrecen refugio a la fauna y ayudan a recuperar la biodiversidad en jardines y ciudades.
“A partir de las especies nativas se sustentan innumerables relaciones que posibilitan la vida en este planeta“, explica la paisajista y especialista en flora autóctona Claudia Nardini. Y agrega que ”ellas constituyen la base de las cadenas de alimentación tanto en la tierra como en el agua“.

No es un dato menor, porque mientras muchas especies ornamentales cumplen únicamente una función estética, los árboles nativos ofrecen alimento, refugio y hogar de reproducción para aves, mariposas, insectos, mamíferos y una enorme diversidad de organismos.
Un jardín que da la vida
Cada especie forma parte de una red mucho más compleja de lo que suele imaginarse. Las plantas nativas se relacionan con otros organismos como insectos, moluscos, crustáceos, aves, reptiles, anfibios, peces o mamíferos que encuentran en ellas refugio y alimento. Por eso, incorporar árboles nativos no solo transforma la estética del jardín; también multiplica la presencia de polinizadores, aves y fauna silvestre.
Guayaba (Acca sellowiana)
Con un porte que rara vez supera los seis metros, este pequeño árbol —también conocido como falso guayabo— resulta ideal para jardines urbanos.
Su follaje verde grisáceo permanece durante todo el año y, en primavera, produce flores blancas con llamativos estambres rojos. Tanto los pétalos carnosos como los frutos son comestibles.
Otra ventaja es su versatilidad: puede cultivarse en grandes macetas y adaptarse tanto al sol como a la media sombra.
Las flores son visitadas por aves, que actúan como sus principales polinizadoras, mientras que los frutos alimentan a distintas especies de mamíferos y aves que colaboran en la dispersión de las semillas.

Timbó o pacará (Enterolobium contortisiliquum)
Pocos árboles generan tanta sombra como el timbó. Su copa amplia, el follaje liviano y el característico fruto en forma de oreja lo convierten en una especie inconfundible.
Puede superar los treinta metros de altura y crece con rapidez cuando dispone de espacio suficiente.
Sus flores atraen numerosos insectos polinizadores, que a su vez convocan aves insectívoras. Además, funciona como planta hospedera de la mariposa danzarina grande (Riodina lycisca).

Lapacho rosado (Handroanthus impetiginosus)
Cuando todavía no brotaron las hojas, el lapacho sorprende con una de las floraciones más impactantes de la flora argentina.
Miles de flores rosadas cubren completamente las ramas desnudas, generando un efecto visual que cada invierno transforma ciudades y montes.
Los principales polinizadores son los abejorros, aunque también recibe la visita de picaflores y otras aves atraídas por el néctar.

Ibirá pitá (Peltophorum dubium)
Su follaje delicado recuerda al de muchas especies tropicales y, durante la primavera y el verano, enormes racimos de flores amarillas iluminan toda la copa.
Es una de las especies nativas más utilizadas en proyectos de paisajismo por su crecimiento relativamente rápido y por el atractivo ornamental que mantiene durante buena parte del año.
Las flores también representan una importante fuente de alimento para abejorros y otros insectos polinizadores.

Ombú (Phytolacca dioica)
Aunque popularmente se lo considera un árbol, desde el punto de vista botánico el ombú es una gigantesca hierba perenne.
Su enorme base ensanchada, que funciona como reserva de agua, y su silueta monumental lo convierten en una de las especies más singulares de Sudamérica.
Sus frutos son consumidos por numerosas aves frugívoras, encargadas de dispersar las semillas.

Molle (Schinus longifolia)
Ideal para jardines de dimensiones reducidas, el molle rara vez supera los cinco metros de altura.
Tolera muy bien las podas, requiere poco riego y puede utilizarse incluso como cerco vivo.
Sus flores atraen una gran diversidad de insectos y sus frutos alimentan aves frugívoras. Además, mantiene una curiosa relación con pequeños insectos que inducen la formación de agallas rojizas, conocidas popularmente como “matecitos del molle”.

Mucho más que árboles lindos
El paisajismo ya no busca solamente jardines atractivos: también quiere que estos espacios funcionen como pequeños ecosistemas. Por eso las especies nativas ocupan un lugar cada vez más importante: combinan belleza, adaptación al clima local y un enorme valor ambiental.
Elegir un árbol argentino no implica resignar impacto visual. Al contrario, se trata de descubrir que algunas de las especies más espectaculares del paisaje.

