
En las afueras de Guilford, a unos 45 km de Londres, se encuentra esta casa victoriana remodelada por el estudio de arquitectura de Gregory Phillips. Además de poner en valor y reacondicionar la construcción original , la reforma incluyó un agregado de 100m2 en dos plantas: en el piso superior (que se comunica con la casa antigua) conviven cocina, living y comedor, mientras que el piso inferior es un subsuelo con sorpresa, ya que, excavando en línea con la inclinación natural del jardín ubicaron una pileta cubierta.

“El anexo vidriado se alineó con los volúmenes y las proporciones horizontales existentes para lograr un impacto mínimo en el perfil y una transición discreta y elegante”, dice Gregory Phillips.”
— Arq. Gregory Phillips, a cargo de la reforma
“Estaba mal mantenida; para peor, tenía una intervención de unos 40 años, llena de pasillos angostos y cuartos chiquitos, tipo madriguera”, dice Phillips con humor inglés. Sobre esa base de pobre funcionalidad se construyó la modernísima caja de aluminio y cristal que funciona como lo que sería un quincho para nosotros, salvando las distancias. Con un clima bastante riguroso la mayor parte del año, el espacio al aire libre acá está contenido por enormes ventanas, y la pileta, protegida para usarla todo el año. Por su lado, la construcción victoriana se replanteó por completo para actualizarla.

Al reformar una casa de época, se puede caer en la tentación de recrear una copia del estilo original. Ahora, cuán fiel sea esa copia es otro cantar. No sólo es difícil la pesquisa de materiales semejantes a los existentes, sino que es complicado y costoso conseguir mano de obra que los sepa trabajar. Pero hay una contra que las supera a ambas y frecuentemente descarta esa inversión: una arquitectura de tantos años rara vez responde al estilo de vida actual. Eso, si la casa se quiere usar a pleno, en familia, y con las comodidades y sistemas de aislación de hoy, claro.







