
Fascinada con la arquitectura simple y blanca que descubrió tras un viaje a Europa, en 1928 encomendó el proyecto, que marcó su historia
Victoria Ocampo hubiera pasado desapercibida para la historia si se hubiera casado con algún rico aristócrata de su entorno y hecho una vida comme il faut. Del mismo modo, su casa de Palermo Chico no habría levantado ningún tipo de polvareda si se hubiese parecido más a sus vecinas. Pero no era el destino de ninguna de las dos ser del montón.

Primera mujer miembro de la Academia Argentina de Letras (1977); creadora de la revista (1931) y la editorial Sur (1933), desde donde impulsó el intercambio de ideas entre América y Europa, la traducción de autores fundamentales y el lanzamiento de escritores que marcarían la cultura del siglo XX, mecenas hasta el límite y el fin, convirtió la hospitalidad en una forma de acción cultural. Porque hay pocos autores cuyas casas los hayan marcado tanto, al punto de transformarse mutuamente, y convertirse en “personajes” de sus escritos y manifestaciones de sus principios.
En la década del 30, la arquitectura moderna y el proyecto Sur formaron parte de la misma apuesta de Ocampo por introducir en la Argentina las corrientes culturales más innovadoras de Europa y Estados Unidos. Hablan del mismo apetito vanguardista que se refleja en ese “hambre de paredes blancas”, como dice esta cita de su autobiografía.
“Adoré esa casa de Rufino de Elizalde como a ninguna. Me gustaba como arquitectura. Me gustaban los espacios y quería colmarla de objetos bellos, pero escasos. Nada superfluo o sin sentido. La arquitectura moderna me fascinaba. Tenía hambre de paredes blancas y vacías. Era una nueva manera de vivir”.
Arquitectura simple y blanca
“Después de separarse en 1927, Victoria hace un viaje a Francia que resulta iniciático y del que vuelve fascinada con la nueva arquitectura simple y blanca que descubrió en su tour europeo. A su regreso, decide reproducirla en esta casa que le encomendó en 1928 a Alejandro Bustillo”, explica el arquitecto e investigador Marcelo Nougués, director de Arquitectura del Fondo Nacional de las Artes.
“Más allá de venir de una familia patricia, era una mujer con una cabeza única: estaba bien informada, tenía el dinero y la voluntad para concretar sus planes, sensibilidad para elegirlos y la audacia para romperles los esquemas a todos los vecinos de Palermo Chico”. describe.
Y grafica: “Esta casa fue absolutamente revolucionaria para Buenos Aires en 1929. Basta pensar que Bustillo estaba haciendo, con el mismo constructor y prácticamente la misma cuadrilla, la Embajada de Bélgica, un palacete de estilo neoclásico francés a 30 metros de distancia”.

“Victoria vivió allí hasta 1941 o 1942, no hay una fecha exacta de la venta, cuando heredó la famosa quinta de San Isidro. Tal vez sea más preciso decir que, como era una gran amante del verde y a nadie de su familia le interesó mantener ese elefante blanco, simplemente dijo: ‘Me la quedo’, y se mudó”, relata Nougués.
Las paredes encierran infinitas historias. “Había sido muy feliz en esta casa, donde recibió a Le Corbusier que la elogió, y en torno a quien se tejieron innumerables y poco comprobables hipótesis sobre su participación activa en el proyecto, a la Comédie Française, a José Ortega y Gasset. Y donde nació, en 1930, la revista Sur, su gran creación”, dice.
“Mi living te gustaría. Es muy grande, muy vacío, con ventanas por donde entra el cielo, paredes y puertas blancas, sillones y sofá de cuero color arena, una alfombra de Picasso””
— De Victoria Ocampo a Ortega y GassetUna relación poco feliz
Ocampo quería una casa moderna y se la encargó a Bustillo, no porque admirara su creatividad, es más, le parecía un arquitecto para el establishment, sino porque era famoso por sus terminaciones impecables y sabía que la ejecución sería perfecta. Esa falta de admiración inicial y la posterior divergencia en la visión marcaron una relación poco feliz.
“Bustillo no estaba contento con el proyecto, y Victoria le pareció malcriada y soberbia”, cuenta Nougués.
“Lo que Bustillo hace es un petit hôtel clásico, no hay nada de modernismo ahí: no hay rampas ni pilotis. Victoria le tachaba los planos con su lápiz rojo, algo que lo habrá ofendido, y él respondía las gentilezas con algún que otro agregado inconsulto”, repasa.
Y cita una carta de Ocampo: “Le escribe algo al estilo de: ‘Le estoy encargando las pirámides y usted me manda estos balaustres. Es una casa lisa, blanca’”.
“Con lo que Bustillo sí se alinea es con la fachada blanca, sin ornamentación, planchada. Mi gran pregunta es si ese modernismo del Buenos Aires de los años 30, hasta que llega la Segunda Guerra, era por convicción, por moda o por economía de costos. En el caso de Victoria, fue ciento por ciento una decisión estética; eso hay que exaltarlo siempre”, indica.
Hacia los espacios privados
La casa puede tener una fachada modernista y ambientes despojados, pero lo que funciona adentro es un petit hôtel: piano nobile para recepción, con una escalera que termina en el primer piso y una escalera secundaria hacia los dormitorios.


“En el proyecto original, Bustillo había puesto en el cuarto de Victoria dos ventanas alineadas con las del living, y ella las horizontalizó”, comenta Nougués.
Respecto a la habitación principal, el director de Arquitectura del Fondo Nacional de las Artes explica con convicción: “Mantuvimos su dormitorio tal cual, y creo que hay que respetarlo hasta el último día”.
Desde el momento en que un mueble está colocado sin sentido, molesta. Molesta a la vista. No creo que hubiera nada sin sentido en Rufino de Elizalde. Es hacerle justicia a esa casa que vendí doce años después.”
— Victoria Ocampo, de "Viraje”, tomo IV de su autobiografíaDe visita
La casa ubicada en Rufino de Elizalde 2831 es sede hoy del Fondo Nacional de las Artes. Para tal fin la adquirió Amalia Lacroze de Fortabat en 2001.
“El patrimonio no es algo congelado que se admira desde afuera: si no tiene vida, no se ve. Y nosotros queríamos que esta casa tuviera vida; hoy la afluencia de público es cotidiana”, señala Nougués aludiendo a las muestras, charlas y visitas guiadas.
En octubre, y en el marco de la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, se montará una exposición sobre la faceta modernista de Bustillo. “Habrá material inédito que revela los secretos de esta casa y de la relación ríspida entre Victoria y su arquitecto”, anticipa Nougués.
El legado de Victoria Ocampo se mantiene vigente y más vivo que nunca. En las paredes que habitó, en su estética, en las bibliotecas que pobló de una literatura y una voz únicas, y ahora también, en los seis tomos de su autobiografía.
Es que después de 40 años, se está reeditando la obra donde narra su vida y las batallas que dio en la búsqueda de libertad y reconocimiento. Los tres primeros tomos ya están disponibles y es el inicio de un recorrido para conocer o redescubrir a una mujer única.












