
La clave está en esconderlo sin perder practicidad. Muebles a medida, paneles corredizos y soluciones que aprovechan cada centímetro.
Hoy es habitual encontrar el lavarropas dentro de una cocina, detrás de una biblioteca, en un mueble del baño o incluso oculto en un pequeño nicho. Más que esconder un electrodoméstico, lo que se busca es incorporar el sector de lavado de manera ordenada sin dedicarle un ambiente completo.
Antes de diseñar
Aunque uno quisiera incorporarlo a un armario o aprovechar cualquier rincón, hay algunas cuestiones técnicas que conviene prever.
- Un lavarropas estándar de carga frontal suele requerir unos 60 cm de ancho y entre 60 y 70 cm de profundidad. También es importante dejar espacio para las conexiones y la apertura completa de la puerta.
- La ventilación es otro aspecto fundamental. Aunque quede oculto detrás de puertas o paneles, el equipo no debería quedar completamente encerrado. Frentes esterillados, rejillas discretas o pequeñas cámaras de aire ayudan a evitar la acumulación de humedad.
- Los revestimientos de melamina, los enchapados de madera y los laqueados suelen ser las opciones más utilizadas. En baños o cocinas conviene elegir superficies resistentes a la humedad y herrajes preparados para un uso frecuente.
- Hay aspectos básicos para poder instalarlo: se necesita tener buen acceso a un enchufe y llave de paso.
- Si se apilan lavarropas y secarropas, comprobar que la estructura soporte el peso de ambos equipos.

Un rincón propio detrás de una mampara
La arquitecta Malola Canay, a cargo de la reforma de la casa de su hermana, separó mediante una estructura vidriada este pequeño sector de lavado a continuación de la cocina.
“Ganamos profundidad en la cocina para esconder el lavadero y sumar puertas panelables”, explica Francisca, dueña de casa. Las puertas que se pliegan les dieron la oportunidad de aprovechar el espacio para alojar el lavarropas bajo una mesada.
También organiza la limpieza
En la reforma de este departamento a cargo de la arquitecta Soraia Marocco, el lavarropas se esconde detrás de una puerta corrediza de madera y hierro, mientras que los estantes superiores reúnen productos de limpieza. Una solución práctica para espacios reducidos donde cada centímetro cuenta.

Integrado en un mueble multifunción
Elevado respecto del piso para facilitar el uso, acá el lavarropas forma parte de un mueble que combina cajones, un estante para el guardado de la tabla de planchar y puertas con paños de esterilla. El resultado se acerca más a una pieza de mobiliario que a un lavadero tradicional.

Oculto dentro de una pared de guardado
Con las puertas cerradas, nada revela la presencia del lavarropas. En esta obra de la arquitecta Sara Plazibat el frente del mueble de melamina atraviesa el monoambiente completo: desde la cocina hasta la cama rebatible y suma espacio de guardado.
Una columna para lavar y secar
En esta reforma de diseño de Alejandra Nusenovich, el lavarropas y secarropas encuentran su lugar en el baño: dentro de un volumen revestido en madera acanalada.

La disposición vertical libera superficie de piso y permite incorporar nichos y espacio de guardado adicional.
El color como recurso
En lugar de disimular el sector de lavado con acabados neutros, en este caso la apuesta por un color bordó que unifica distintos usos dentro de un mismo ambiente. El lavarropas se incorpora naturalmente al espacio.

Como lugar de encuentro
En esta reforma de la arquitecta Cielo Pipkin, la cocina original estaba confinada por una puerta ventana que la separaba de un balcón estrecho y el cerramiento exterior pegado a la fachada de parasoles. Ese espacio residual funcionaba como un lavadero incómodo, casi desconectado de la dinámica diaria de la casa.

“Demolimos la carpintería intermedia para anexar ese espacio a la cocina. Ella se imaginaba el lavadero como un lugar de encuentro donde la familia convive de manera natural, ya sea preparando el desayuno, cocinando o doblando la ropa”, cuenta la arquitecta.


