
“Cuando se nota que algo fue pensado, resulta una forma concreta y bastante medible del amor que uno le pone a ese hacer”, explican Mariano Daniel Manzi, ceramista y licenciado en Comunicación, y Juan Augusto Laplacette, psicólogo, docente y autor de libros infantiles. Ellos dicen que su llegada a este PH centenario en Villa Urquiza tuvo mucho de azar pero, en su relato, el deseo y la voluntad parecen imponerse por sobre otras variables.

“Vi una casa en venta que me hizo pensar en ustedes”, les dijeron, y a los dos días estaban visitándola. Techos altos, molduras y aberturas originales y una buena distribución... Ideal, salvo por su deterioro. Con la experiencia de dos reformas previas (la última, en 2024), llamaron una vez más a la arquitecta Carolina Gurovich y los tres se embarcaron en este nuevo proyecto.

Restaurar una propiedad antigua siempre es un desafío, pero en nuestro caso también es motor de deseo y un ejercicio interesante: nos vamos conociendo a nosotros mismos en cada decisión.”
— Mariano Daniel Manzi y Juan Augusto Laplacette, dueños de casa
Manos a la obra
Integraron los ambientes sociales, generaron un escritorio y un taller de cerámica y, en la segunda planta, hicieron un corredor para pasar a los cuartos. Las premisas fueron conservar lo histórico volviéndolo funcional, pensar estratégicamente el uso del color, mezclar texturas y poner en diálogo mobiliario de diferentes épocas combinando lo producido en serie con lo artesanal y lo restaurado. Un universo que se resume en el postulado inicial: la atención al detalle como una de las formas del amor.

Las alacenas son de un tono más claro que los muebles bajomesada para que el conjunto refleje bien la luz, pero no se perciba como un bloque pesado; una sutileza entre una multitud de detalles cuidadosamente planificados.

Para actualizar la planta manteniendo su impronta original, se desplegaron living, cocina y comedor como ambientes sucesivos integrados con capas de color y tramas aplicadas en las más diversas texturas

El color propio

Frente al desconcierto de las visitas ante sus combinaciones disruptivas, los dueños reivindican la sorpresa: “Cuando la relación entre las cosas es demasiado previsible, el resultado es aburrido y uno presta menos atención a lo que lo rodea”

Rescatado de una demolición, el hogar de piedra tiene un fondo espejado que se complementa con la pieza de vidrio repartido colocada encima para dar profundidad y duplicar la vista.
Recorrida en video

Nobleza obliga
Una gatita de verdad (Editorial Edelvives) y todos los libros infantiles que escribe e ilustra Juan Augusto Laplacette nacen aquí, sobre el tablero de su antiguo escritorio de madera maciza.

Aquí los muebles se mudan con los dueños y solo se reemplazan cuando no dan las dimensiones. Con manos artesanas y ojo para el diseño, Juan y Mariano tienen una máxima: “Siempre que algo sea de un material noble, amerita ser restaurado”


Darle luz a las ideas

Al abrir la ventana a la terraza, el segundo escritorio se inundó de luz. Pintar techo y paredes de naranja potenció la calidez del sol directo y la convirtió en el rasgo característico de este espacio mínimo.

“Tengo una idea polémica”. Así inician Mariano y Juan lúdicos brainstormings donde nada se descarta sin probar. “Eso sí, cuando nos decidimos, debe estar pensado cada matiz, porque no nos da lo mismo que las cosas sean de una u otra manera”

En el segundo piso, el corredor de la terraza permitió integrar los dos niveles (antes el paso era a cielo abierto). Siguiendo el diseño de las aberturas existentes, se hizo un ventanal que suma amplitud y vistas del exterior

Sensaciones encontradas

“Como el cuarto principal recibe mucha luz natural, decidimos pintarlo enteramente en este verde súper intenso buscando generar un efecto envolvente y una sensación de refugio”

La araña del dormitorio retoma el motivo de rayas, uno de los hilos conductores en la decoración.








