
Compraron un piso antiguo en pleno centro de Madrid y le encargaron al estudio Yeyé una reforma que no se mide en metros ganados sino en decisiones que parecían imposibles. Un hogar sin jerarquías.
Ni un individuo. Ni una pareja. Ni una familia tipo. Este departamento en el barrio madrileño de Lavapiés fue reformado por el estudio Yeyé para tres hombres. Los dueños llegaron al estudio con el piso ya escriturado y una propuesta de redistribución propia que, según cuenta Mena Albarrán, “nada tiene que ver con lo que conseguimos finalmente”.

“Fue un proyecto muy difícil de encajar. Desde el principio tenían claro que querían transformar el espacio a su manera de vivir”
Les llevó dos meses y medio resolver sobre el papel una distribución muy compleja y cinco meses más, ejecutarla.
Tres hombres, una casa recién comprada y una lista de imposibles

La reforma partía de tres necesidades no negociables. La primera, una zona de día abierta, “con conexión directa y visual con la cocina, sin separar espacios y con la mayor continuidad y amplitud posibles”.

La segunda, maximizar el guardado: hoy hay armarios ocultos en cada ambiente y muebles a medida en el salón, el estudio y los dos dormitorios. La tercera y la más difícil de encajar, según admite la arquitecta, era conseguir (en los 80 metros cuadrados que tenían) un baño completo, un toilette, dos dormitorios principales de tamaño generoso y un estudio o despacho. “Lo conseguimos todo, aunque después de darle muchas vueltas”, resume.

A medida
Los tres propietarios trabajan bajo modalidad híbrida y viajan con frecuencia, así que necesitaban al menos dos espacios cerrados para el teletrabajo. La solución fue repartir esa función por toda la casa: el segundo dormitorio principal incorporó un pequeño escritorio con estantes, se sumó un despacho independiente para trabajo y almacenaje de libros, y quedó la posibilidad de que una tercera persona use el salón si los tres coinciden en simultáneo. “Los tres espacios quedan completamente diferenciados”, señala Mena Albarrán.

Entre los dos dormitorios no existe jerarquía. “Hay una dinámica interna algo distinta a la que estamos acostumbradas en otras viviendas: no dan prioridad a ninguno”, cuenta la arquitecta.
El dormitorio de mayor superficie tiene más almacenaje y una cama más grande; en el otro, además de la zona de noche, se ganó ese rincón de despacho. Ambos comparten un baño abierto con el estudio.

El toilette (con lavarropas y zona de limpieza escondidas en un armario contiguo a la entrada) fue, según la arquitecta, “el pedido no negociable”. Encajarlo, sin tocar los bajantes de calefacción comunitarios ni la estructura del edificio, fue el mayor desafío.

Fuera el pasillo: la decisión que reorganizó toda la casa
El gesto más contundente del proyecto no fue, en rigor, eliminar un pasillo puntual sino borrar la lógica completa de una vivienda antigua.

“Las viviendas de hace cien, cincuenta o incluso veinte años suelen tener una entrada muy marcada que separa, por un lado, el salón-comedor y el acceso a los dormitorios, y por otro, un acceso completamente aparte a la cocina”, explica Mena Albarrán.
El estudio invirtió esa lógica: al eliminar la entrada, la circulación se redujo al mínimo. “El metro cuadrado en Madrid es muy caro, y merece la pena optimizarlo: los metros de pasillo o entrada son metros perdidos”, resume la arquitecta, casi como un manifiesto.

Círculos que desdibujan los límites
Si hay un elemento que sintetiza la identidad del proyecto son las cuatro ventanas circulares con marco de acero lacado y vidrio acanalado que perforan dos paredes clave de la vivienda. Tres de ellas están en el tabique que separa el estudio del living.

“El vidrio acanalado desdibuja el límite entre ambas estancias: necesitábamos privacidad e independencia acústica, separar los espacios, aunque sin cerrarlos del todo, y queríamos maximizar la luz que entraba al estudio”, explica Mena Albarrán“
El cuarto círculo, de igual altura y tamaño, combina vidrio acanalado y texturizado y está ubicado en la zona de la ducha del baño.

Cumple una doble función: lleva luz natural a un ambiente que no la tenía y, de noche, proyecta un círculo texturizado sobre la zona del comedor. “Un efecto precioso e hipnótico”, describe la arquitecta.

