
La temperamental Anna Fuchs, que fumaba habanos y siempre estaba acompañada de sus bulldogs franceses, fue quien hizo brillar el hotel Sacher, uno de los emblemas de la capital austríaca.
Hugo Mouján
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Mucho cambió la vida de la joven Anna Fuchs desde que ayudaba a su padre en las labores de la carnicería en el barrio vienés de Leopoldstadt hasta que, a los 20 años, en 1880, se casó con Eduard Sacher, un emprendedor que había inaugurado en 1876 el elegante Hotel Sacher.
Por Hugo Mouján

