De Jujuy a Catamarca

Chaku La esquila ancestral de la vicuña

Desde hace unos años, los pueblos del norte se abocan con ahínco a reeditar los métodos, procedimientos y ceremonias que les permiten obtener la fibra más cara y preciada del mundo textil

Por Ana van Gelderen
Fotos Federico Quintana y Denise Giovaneli

El chaku –también se escribe chaccu– es una palabra quechua que define la esquila de vicuñas que se hace en el Norte de nuestro país. Es una técnica ancestral que los incas practicaban en Perú, Bolivia y buena parte de la Argentina para extraer la fibra del animal. Se puede presenciar desde septiembre hasta principios de diciembre en muchos pueblos de la Puna que aún hoy conservan esta tradición. “El animal se arrea, se encierra en un corral, y se le saca el vellón, que son los pelitos del lomo, para luego pesarlo y venderlo. Se hace en primavera, a lo largo de dos días, teniendo en cuenta las temperaturas y que el animal no quede desprotegido”, asegura Claudia Aguilar, inspectora de la Secretaría de Biodiversidad y Desarrollo Sustentable de Jujuy, una de las provincias que más lo impulsa. Su rol está en la fiscalización de todas las instancias del proceso –arreo, esquila y pesaje de vellones–, teniendo en cuenta parámetros veterinarios de bienestar animal.

foto AML
El bien más preciado. En el mercado, el kilo de fibra de vicuña se vende a 450 dólares.

La vicuña es un mamífero de la familia de los camélidos que está en el altiplano andino. Es de carácter dócil, como la llama. Tiene un cuello fino que la convierte en un animal muy frágil. Todas las vicuñas se esquilan, excepto las hembras preñadas, las que tienen alguna enfermedad –por ejemplo sarna–, y los teques (crías) menores de 23 kilos, de entre un año y año y medio.

Se calcula que en Jujuy hay más de 150.000 vicuñas que están distribuidas a lo largo de la Puna, principalmente, pero también hay en la Quebrada de Humahuaca. Son animales silvestres, que andan sueltos, y cuyo manejo está a cargo de las distintas comunidades que poseen tierras en la zona. Los criaderos de vicuñas no están permitidos, con excepción del que tiene el INTA en su estación experimental de Abra Pampa. Hubo otras experiencias, que no han tenido continuidad, como el criadero de Molinos, Salta.

Las jornadas de esquila de vicuña duran dos días. El primero se utiliza para preparar los elementos que se utilizarán en el chaku y para ultimar detalles del proceder. Se trabaja sobre los mapas que diseñan los pastores para dividir los grupos que saldrán a arrear las vicuñas.

El segundo día es el de la esquila propiamente dicha. Si las vicuñas están en un dormidero, se arranca a las 6 de la mañana, en silencio, para luego sí empezar el arreo. Se hace caminando, siguiendo las indicaciones que los jefes dan por handys. Si las vicuñas están en una aguada, se arranca el arreo a las 10 de la mañana.

Alrededor del mediodía comienza la esquila, que se hace con tijeras clásicas y también con máquinas eléctricas que llevan dientes especiales, diferentes a los que se usan para esquilar llamas.

Para causarles el menor estrés posible, se les tapa los ojos con capuchas. Y, antes de terminar, se les coloca un chip para identificarlas y hacer un seguimiento que en el chaku del año siguiente ofrecerá datos de peso, crecimiento, y otros factores.

Las familias son las protagonistas del chaku de cada localidad. Muchas veces los miembros de otras comunidades de la zona también se suman. Saben hacerlo porque lo aprendieron de generación en generación, o porque participan de las capacitaciones que hace el INTA en Abra Pampa.

El kilo de fibra de vicuña se vende a 450 dólares. Para llegar a un kilo de fibra generalmente hay que esquilar entre 4 y 5 vicuñas. En cada chaku se suelen reunir alrededor de entre 6 y 10 kilos, pero se puede llegar hasta 70 kilos en chakus excepcionales.

Por ejemplo, en la lagunilla de Farallón, que está a 4.700 metros de altura, las vicuñas desarrollan un pelo más largo y, por eso, cada vellón puede llegar a pesar un kilo. Además, las vicuñas de nuestra puna ofrecen una fibra que suele ser color marrón claro y eso la hace muy requerida por los mercados de Europa.

El chaku es una práctica ancestral que con los años se fue perdiendo, pero que de un tiempo a esta parte volvió a cobrar fuerza. Desde entonces, la caza furtiva de vicuñas disminuyó notablemente. Si bien el consumo de la carne está prohibido por ley, hay quienes las cazan para sacarle el cuero y vender el vellón. Llegan, sobre todo, desde países limítrofes.

El CAMVI es la organización de Comunidades Aborígenes Manejadoras de Vicuñas que agrupa a las 16 comunidades andinas jujeñas que practican el chaku. Nació en Yavi y se extendió hasta el sur de Jujuy, a zonas como Susques y Cochinoca, por ejemplo. Es posible que el año que viene se sumen dos comunidades más, porque el proceso vicuñero del Norte se está ampliando. Los chaku empezaron en septiembre, pero siguen hasta principios de diciembre en las distintas localidades de la Puna jujeña. Octubre 2022: 12 en Larcas; 12 y 13 en Quirquinchos; 14 en Intichancha; 17 y 18 en Azul Kasa; 18 y 19 en Quebraleña; 20 en Farallón; 20 y 21 en Suripujio; 26 en Olaroz; 28 en Larcas; 27 y 28 en Azul Kasa. Noviembre 2022: 4 en Intichancha; 7 y 8 en El Cóndor; 8 y 9 en Quebraleña; 10 y 11 en Suripujio; 11 en Coyaguayma; 15 en Farallón; 15 y 16 en Quebraleña; 17 y 18 en Olaroz; 22 y 23 en El Cóndor; 23 y 24 en Barrios; 25 en Quera y Aguas Calientes; 30 en Oratorio; 31 en Farallón. Diciembre 2022: 1 en Farallón y Quirquinchos; 6 y 7 en Saripujios; 6 en Quera y Aguas Calientes. Para presenciar un chaku en Jujuy hay que contactarse con la Secretaría de Biodiversidad y Desarrollo Sustentable. Ellos piden permiso de acceso en las comunidades, que suelen aceptar con gusto.

foto AML

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Créditos

  • Texto Ana van Gelderen
  • Edición visual Cecilia PiccoAlejandro López Mella
  • Fotos Federico Quintana, Denise Giovaneli, Estrella Herrera

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