
Un recorrido por la historia y el presente de la aldea de montaña y una puesta al día de sus experiencias al aire libre, los nuevos alojamientos y la buena mesa
Los locales aman su pueblo. Villa La Angostura está rodeada por el Parque Nacional Nahuel Huapi y es relativamente chica: el centro se encuentra a unos dos kilómetros del lago Nahuel Huapi, la villa linda con el lago Correntoso, el Espejo está a siete kilómetros y hasta se puede esquiar en el cerro Bayo, a solo seis kilómetros del centro. Casi todas sus playas son de arena: como están en bahías protegidas, tienen menor oleaje y retienen los sedimentos finos, como arena y ceniza volcánica, que traen los arroyos y ríos que allí desembocan.

Además, están pegados a Chile: salen de visita por la mañana y a la tarde ya están de vuelta. La cercanía es tal que en febrero, el mes de las vacaciones de verano en el país vecino, se escucha mucha tonada chilena en la villa. El flujo de gente es mayor o menor en un sentido u otro según resulte conveniente el cambio de moneda.
También llueve más y, como consecuencia, Villa La Angostura es más verde que otras zonas cercanas. La diferencia con Bariloche —que es más seco— se explica por el modo en que la cordillera actúa sobre los vientos húmedos del Pacífico: llegan desde el oeste y, al chocar con ella, ascienden y precipitan. Como Villa La Angostura está más cerca del paso cordillerano y, por lo tanto, más expuesta, recibe más lluvias.
Un dato curioso de la idiosincrasia local: para los angosturenses, la medida del tiempo se divide entre antes y después de la erupción del volcán Puyehue, en 2011. El episodio fue tan fuerte por la ceniza, el impacto económico y la alteración de la vida cotidiana durante tanto tiempo que marcó, efectivamente, un antes y un después en la memoria colectiva. Así como el mundo habla de la prepandemia y la pospandemia, aquí parece haber sido más determinante el volcán. “Me instalé dos meses antes del volcán”, “fue más o menos un año después de la erupción” o “en los tiempos del volcán” son frases de referencia temporal que se escuchan con frecuencia.
Gracias a la alta ocupación del verano, sumada a la temporada de esquí, la villa recibe turismo durante buena parte del año. Además, Angostura es epicentro de eventos deportivos de montaña que mantienen un flujo constante de visitantes. Se destacan carreras de trail running y trekking como la Travesía de los Cerros, El Cruce −que se hizo aquí por muchos años− y el Desafío Arrayanes, además de pruebas de ciclismo como el Gran Fondo 7 Lagos, que une la localidad con San Martín de los Andes.
La avenida Arrayanes es el centro comercial y el corazón del pueblo: en ella predomina la construcción en madera de tipo alpino, y de los faroles de su bulevar cuelgan preciosos maceteros con flores. El centro es pequeño y, durante la temporada de verano, se convierte en un hormigueo de gente.

Según el censo de 2022, Villa La Angostura tiene 14.500 habitantes permanentes. Durante la temporada de verano, la población llega a triplicarse: la ciudad se desborda y cambia por completo de ritmo. Incluso ocurre que servicios como el suministro de agua y de luz se interrumpen de manera intermitente.
En el pueblo se habla del megaproyecto en el que participa Consultatio −la desarrolladora de Eduardo Costantini−, un barrio abierto que se levantaría sobre más de 200 hectáreas, donde se prevé desarrollar viviendas y espacios comerciales y culturales. Como ocurre con muchas ciudades de la Patagonia, Villa La Angostura está dejando de ser solamente un lugar para pasar las vacaciones: muchos eligen mudarse. Eso, sumado al crecimiento turístico y a la consiguiente demanda de alojamiento, hace que la oferta de viviendas para alquiler permanente sea escasa y muy cara, y que para los locales resulte difícil conseguir dónde vivir.

Bustillo y los Parques
En una visita guiada por el casco histórico, Omar Landi −dueño de Rucan Turismo y radicado desde hace 35 años en la villa− repasa, frente a la capilla de la Asunción, el papel de Exequiel Bustillo en la implementación del proyecto de Parques Nacionales y en la creación de destinos turísticos. Como presidente de la Dirección de Parques Nacionales entre 1934 y 1944, Bustillo puso a su hermano Alejandro al frente de la infraestructura de las áreas protegidas. El arquitecto tuvo una influencia especial en el Parque Nacional Nahuel Huapi: todas las construcciones, incluso esta capilla, están inspiradas en la arquitectura del norte de Europa.

La pequeña pero sólida capilla Nuestra Señora de la Asunción fue construida en 1936. Rodeada por un bosque de pinos, cipreses y araucarias, está levantada en piedra y tiene un techo a cuatro aguas cubierto de tejuelas negras de alerce, un campanario y vitrales con motivos religiosos en los ventanales laterales. Su interior es muy sencillo y alberga un fresco cusqueño de más de doscientos años.
Distinta es la historia de El Messidor, la imponente residencia cercana. También se encuentra en la zona de los puertos, hoy convertida en casco histórico donde, para fomentar la urbanización, se estableció inicialmente el pueblo con iglesia, escuela, hotel, policía y una dependencia de Parques. La mansión también estuvo a cargo del arquitecto Bustillo, pero es un castillo de estilo francés, con techo de pizarra negra y torreta circular. Fue un encargo de la aristocrática Sara Madero de Demaría Salas, cuyo sueño era poseer un palacio europeo en la ribera del Nahuel Huapi. Construido sobre la Bahía Mansa entre 1940 y 1942, tomó el nombre de una residencia que la familia de Sara tenía en Mar del Plata. Messidor era, a su vez, el décimo mes del calendario republicano francés, correspondiente al tiempo de las cosechas. Actualmente es la residencia oficial de verano del gobernador de la provincia de Neuquén. Allí estuvo presa durante varios meses María Estela Martínez de Perón, tras el golpe de Estado de 1976. Aunque en una época se hacían visitas guiadas y había conciertos musicales en el parque, hoy solo se puede recorrer su perímetro en auto.

Omar Landi explica que esta es la zona donde comenzó a desarrollarse la villa. Cuando la Ruta 40 pasó alejada de la costa, todo el sector comercial se trasladó a la avenida Arrayanes, en la parte más alta. La emblemática ruta atraviesa entonces el centro de la villa, lo que provoca complicaciones y demoras durante la temporada.
Antes de ingresar a la villa, después de pasar el acceso al Cerro Bayo, una obra de infraestructura sobre la ruta 40 permanece interrumpida desde hace años. Lo mismo ocurre en el sector más cercano al lago Correntoso. Son los dos portales de entrada a la localidad, que presentan un aspecto deslucido mientras no haya avances en los trabajos. El objetivo es construir un camino de circunvalación del centro para evitar que los vehículos pesados pasen por allí, pero el proyecto está en pausa por un conflicto con la comunidad mapuche.

En kayak por el Espejo
Salir al lago, tan omnipresente, es un plato fuerte en Villa La Angostura. Lo hacemos con Pablo Beheran, de Patagonia Infinita. Su historia y la de su mujer, Marcela Rojas, no es única, pero refleja muy bien lo que les ocurrió a muchos de quienes llegaron para instalarse. Tenían 32 años cuando, después de unas vacaciones, volvieron a Buenos Aires en marzo. Poco después, el domingo de Semana Santa, decidieron que se mudaban. Recuerdan muy bien ese día porque, aunque pareció un impulso y no lo tenían en absoluto planeado, la partida hacia el sur fue definitiva. “Nos dimos cuenta de que no encajábamos más en la vida que estábamos llevando en la ciudad”, cuenta Pablo, que por entonces trabajaba en un banco.
En 2005 fundaron Patagonia Infinita, la agencia con la que Pablo ofrece travesías y aventuras en kayak por lugares únicos de los lagos Nahuel Huapi, Correntoso y Espejo, entre otros. Es guía del Parque Nacional e instructor de kayak de travesía. Muchas veces lo ayuda su hijo Tomi, de 19 años, que también es guía. Son una familia encantadora.
La salida se hace con lluvia, nieve o sol; cada clima tiene su encanto. Para Marcela, el invierno es especial: tienen todo el lago a disposición y, con el buen equipo con que enfundan de pies a cabeza a los participantes, más el guisito caliente posterior, se disfruta igual. Hoy hay un sol radiante que atraviesa la transparencia del lago Espejo hasta su fondo claro y genera un color turquesa caribeño que impacta. Después de la erupción del famoso volcán, el lago y sus márgenes quedaron cubiertos de ceniza volcánica; de allí el color. El lago es, valga la redundancia, un espejo literal, y los seis kayaks dobles de la excursión se reflejan perfectamente en la superficie del agua.

Remamos pegados a la costa sobre un veril donde yacen coihues caídos, que forman un entramado de troncos y ramas hundidas. Después de unos tres kilómetros llegamos hasta una playita a la que solo se accede por agua; a la vuelta, regresaremos por el centro, más oscuro y profundo. Serán unos siete kilómetros de remo en total: de ida, frente a los cerros Campana y Cuerno; de vuelta, con la vista clavada en los cordones Montes de Oca y Belvedere.
Traje de agua, máscara de snorkel y al lago, donde se revela un fascinante mundo sumergido de ramas y colores entrecruzados. Llama la atención la cantidad de almejas de agua dulce clavadas en el fondo. Aunque también es fría, comprobamos además que el agua de este lago es más caliente que la del Nahuel Huapi, cerca de unos cinco grados. Dicen que lo mismo ocurre con el Correntoso; por eso y por su cercanía a la villa, su playa está siempre llena de gente. Tras media hora o más de nado, nos esperan en la playa con un té rojo calentito con frutilla, vainilla, fruta de la pasión y pétalos de rosa, acompañado por unas deliciosas medialunas de manteca.
Como la villa también es puro bosque, Pablo nos guiará más tarde en bicicleta por uno de sus senderos. Su logística es tan perfecta que consigue, además de las clásicas mountain bikes, bicicletas con asistencia eléctrica que hacen más fácil la pedaleada.

Para quienes también disfrutan de caminar, el pueblo tiene a su alrededor una variedad de senderos de trekking. Los hay fáciles, como los del Río Bonito, el brazo Última Esperanza y el camino viejo del Lago Espejo; moderados, como los del Cerro Bayo, el Cajón Negro, la cascada Ñivinco (camino a San Martín) y el bosque de Arrayanes en la Península de Quetrihué. También están las cascadas Santa Ana y Dora, en la zona de control fronterizo con Chile, dentro del área del paso internacional Cardenal Samoré, para cuyo acceso es necesario realizar el trámite migratorio. Más exigentes son los trekkings al Cerro Belvedere y al Centinela.
Casas con servicios
Las casas de Savia Madre Eco-Lodge están tan inmersas entre gigantescos coihues centenarios que cuesta creer que se hayan inaugurado hace solamente tres años. Se encuentran al borde de una altísima barranca que desciende abruptamente hasta la costa del lago y, dentro de ellas, la sensación es la de estar literalmente volando sobre el agua, en la proa de un barco. Aunque su construcción fue compleja, parecen insertas en este terreno desde siempre, ya que conviven con el entorno con toda naturalidad.
Javier Casas Rúa es el fundador de este lodge de tres casas y tres lofts con servicios, donde las vistas al lago tienen tanta presencia como el bosque y la barranca. Supo desde el inicio que su proyecto de turismo regenerativo debía seguir las formas de la naturaleza y respetarla, y estuvo en cada detalle. Convocó al estudio de arquitectura Benavides-Rezzonico, que, junto con la dirección de obra, se comprometió a respetar cuatro premisas en el desarrollo y la construcción de las casas, un esfuerzo extra en un terreno más que desafiante. En primer lugar, buscaron respetar la forma del terreno, es decir, no mover el suelo para instalar las casas. Estas se apoyan en bases aisladas y la estructura principal no toca el terreno: el agua sigue escurriendo por debajo y se preserva la vegetación nativa. También se propusieron no sacar árboles por la presunta peligrosidad de su caída; evitar la circulación de vehículos dentro del predio para no deteriorarlo; hacer obra seca, que genera menos residuos; y armar esos fantásticos techos verdes que mimetizan las casas con el terreno y que hoy son un vergel. Los paneles solares abastecen las luces exteriores, el sistema de riego, las bombas de las plantas de tratamiento de aguas, el gimnasio y el spa.

La frutilla del postre es la muy protagónica pasarela de madera que baja por la barranca hacia la costa, en tramos generosos y con plataformas de descanso, y cuya construcción demoró un año y medio. También minimiza el impacto al acomodarse a los obstáculos del predio y reutiliza la madera de los árboles caídos que ofrecía el terreno. Es una obra increíble. Eso sí: si se baja a la costa, es mejor no olvidar nada arriba, ya que las piernas pasarán factura.
Savia Madre es una buenísima alternativa para alojarse. Son casas impecables donde todo es de categoría: la construcción, los muebles, los artefactos y los utensilios de cocina. Tan buenos como las casas son los servicios que ofrecen: fueron elegidos con cuidado, y tanto los masajes como las clases de yoga que se dan en el SUM son personalizados y de altísimo nivel. Después de un excelente masaje, no hay nada como irse a dormir arrullado por el sonido del agua, entre sábanas de calidad, preciosos edredones y pies de cama tejidos a mano, y con almohadas de distinto grosor.
La buena mesa
Pasado el río Correntoso, un camino de tierra un tanto poceado trepa desde la ruta hasta una de las vistas más impactantes del lago. Allí, el restaurante El Mirador condensa una historia de viajes y cocina con identidad. Su dueño y chef, Eugenio Triay, llegó a la villa hace más de 25 años por una pasantía y, tras un breve intento de marcharse, entendió que su camino estaba aquí: “Me fui 15 días y volví. Y ya me quedé”, cuenta. Nacido en San Juan y formado entre Buenos Aires y la villa –cuatro años estuvo en el reconocido Tinto–, hoy se siente más de acá que de cualquier otro lugar.

El lugar, con vistas de 180° al lago y a Puerto Arauco, empezó siendo apenas una casita donde funcionaba una pizzería. Triay la convirtió gradualmente en restaurante, tras una etapa como sandwichería gourmet, impulsado por la clara idea de crear una experiencia que integrara cocina y paisaje. Quería que la cocina terminara de construir el destino. “Con esta vista ya tenés el 50% ganado”, dice, evocando los beach clubs en los que trabajó durante años en el Mediterráneo.
Esa etapa fue clave. Triay recorrió Europa y Asia cocinando y aprendiendo: Turquía, Líbano, Tailandia y Vietnam. De esos viajes tomó una mirada abierta que hoy define su propuesta: “una cocina moderna con productos asiáticos y técnicas francesas”. El resultado son platos que parecen simples, pero esconden múltiples procesos y una elaboración minuciosa. Se ofrecen en dos cartas, una de día y otra de noche, en las que el fuerte son los platillos y la propuesta es probar varios mientras se disfruta de la puesta del sol.
Otro desvío valioso es el que propone Akol, dentro del barrio náutico del mismo nombre. Al frente de la cocina está Joni Palavecino, chef nacido en Ushuaia y proveniente de una familia gastronómica -madre cocinera y padre mozo-, que pasó por varias cocinas hasta tener la propia. Trabajó en Sucre, en Buenos Aires; en el hotel Correntoso, en Villa La Angostura; fue jefe de cocina en Tinto y chef ejecutivo en La Delfina; y tiene una diplomatura en el Cordon Bleu de Lima. Con Akol se instaló en lo que había sido el showroom del barrio cerrado, con vista al lago, y lo hizo todo a pulmón. Su primer año, 2022, fue complicado: alejados del centro, tenían pocas reservas y dificultades de acceso. Joni incluso salía a buscar a los clientes. Tampoco estaban aún las construcciones de los propietarios, no había iluminación, todo era un gran bosque y no tenían gas. Aun así, organizó eventos para dar a conocer el lugar. Su propuesta, en formato de tapas para compartir, tiene la impronta de la cocina peruana con influencias japonesas y está centrada en el sabor. También trabaja las carnes. La carta cambia: siempre hay unos diez platos de tapeo y cuatro principales, con una carne, un pescado y una pasta.

Navegación a vela
Calculamos bien el día para navegar, esta vez a vela, por las bahías de la zona. Elegimos el trayecto que nos llevará por las bahías de Las Balsas y del exclusivo barrio privado Cumelén, formalmente llamadas Kraft y Bustillo. Ernesto Humar ofrece desde 2002 salidas en su velero Garufa. Es arquitecto naval y en su juventud se formó como administrador de empresas. Actualmente también lleva a turistas que quieren navegar las aguas del lago desde el muelle principal de Bahía Mansa. Algunos se entusiasman y participan del manejo del velero: aprenden a timonear, ajustar las velas o leer el viento. Otros simplemente disfrutan del paisaje desde la cubierta y de la sensación de sentir el viento en la cara mientras escuchan las historias que el entusiasta Ernesto tiene para contar.
Ernesto ama su velero de 21 pies, que puede llevar hasta siete pasajeros, y dice que es un lindo barco para navegar con poco o mucho viento. La prioridad del capitán es que la navegación sea toda a vela y que los motores se usen poco y nada. Por eso hay que estar atentos al viento y, dice, “ir leyendo las rachas de viento que entran al lago y por dónde”. Explica que es importante conocer la geografía para entender cómo viene el viento.
Nos despedimos después de un par de horas en el sector geográfico exacto que le da nombre a la villa, esa franja angosta de tierra —el istmo de Quetrihué— que une la península con el continente. Villa La Angostura recibió su nombre por ese estrechamiento natural o angostura.

UN DATO EXTRA
El ladrón de chatarra
Guillermo Galetti acumula en su casa taller toda la chatarra que se cruza a diario en su camino y que puede servirle para su obra. En Villa La Angostura lo conocen como el ladrón de chatarra, que es también el nombre de su proyecto artístico. Basta con que vea ruedas o cuadros de bicicleta, amortiguadores, chapas, varillas, caños o partes de maquinaria que otros descartan para que los levante y los convierta en caricaturas mecánicas y esculturas cinéticas. Con mucha sensibilidad y sentido del humor, las piezas renacen con expresión propia.
En la entrada a su taller lo recibe un gusano rojo gigante, formado con parte del armazón externo de una soldadora vieja, una llanta, las varillas de un ténder y la rueda de un chango de supermercado. Hay mucho para ver y cada rincón depara una sorpresa: un rockero, una bailarina que baila desenfrenada, una figura femenina que se transforma en ave, un gato enojado y contento, un @ladrondechatarra

Datos útiles
Si bien el pueblo es chico, en verano hay opciones para más de una semana. Vaya con tiempo, con auto y con reservas.
Cómo moverse
Nahuel Huapi Rent a Car Las Américas 595, Dina Huapi (Bariloche). (294) 453-9693. IG: @nahuelhuapirentacar. Flota de 15 vehículos que incluye Chevrolet Tracker 1.2 automática, Fiat Cronos 1.3 manual y automático y Renault Sandero 1.6 manual. Incluye seguro contra todo riesgo con franquicia, pick up y drop off en aeropuerto, terminal de ómnibus o zona céntrica, y neumáticos y cadenas para nieve en invierno. Desde $65.000 diarios.

Dónde dormir
Uma Nery Aimale y Sebastián Antich, creadores del restaurante porteño Boca Abajo-Boca Arriba, están detrás de Uma, el nuevo hotel que tienen previsto abrir en 2027 en Calfuco, a unos 12 kilómetros del centro de Villa La Angostura. El proyecto, desarrollado junto con los estudios Del Puerto-Sardín y Berson, ocupa un terreno de 3739 m² atravesado por un arroyo. Su construcción en zigzag fue concebida como una gran serpiente que se interna en el bosque esquivando los árboles. Tendrá trece unidades de alojamiento −entre monoambientes, dúplex, departamentos y una casa del árbol con acceso por un puente colgante−, restaurante, terraza para eventos y un spa con piscina cubierta, sauna y sala de masajes. Afuera habrá una biopiscina que regenerará el agua mediante plantas, peces y rocas, sin utilizar cloro. La propuesta privilegia los materiales naturales, el silencio y la desconexión: las habitaciones no tendrán televisión.
Savia Madre Eco-Lodge Río Chimehuin 330. Barrio Tres Cerros. (11) 2335-3635. IG: @savia_madre_ecolodge. Este lodge de casas con servicios posee tres casas de 177 m² para hasta seis personas y tres lofts de unos 50 m² para parejas, emplazados sobre una barranca con vistas al lago entre coihues centenarios. Las casas tienen tres dormitorios en suite, living comedor con hogar, cocina completa con lavavajillas, lavadero con lavarropas, Smart TV, caja fuerte, wifi, deck con parrilla y servicio diario de limpieza. El lodge cuenta con spa del bosque con jacuzzi tonel, sauna y ducha escocesa, salón de usos múltiples con gimnasio, yoga, masajes, kayaks y bicicletas. Una pasarela serpenteante por el bosque brinda acceso directo a la playa. Casas u$s 750, lofts u$s 300 la noche. Estadía mínima de tres noches.

Auria. Los Pinos 367, Puerto Manzano. IG: @auriaangostura. IG: @delcamporesto. Abierto en 2025 en Puerto Manzano, este hotel boutique pertenece a Elementa SRL, la empresa detrás de Tower Travel, y fue desarrollado bajo la dirección de Gustavo Erhart del Campo. Tiene cuatro categorías de habitaciones, playa propia sobre el Nahuel Huapi, piscina climatizada, spa, jardines y estacionamiento. Su restaurante Del Campo, también abierto a visitantes, propone platos argentinos elaborados con productos regionales, además de almuerzo, cena y té.
Dónde comer
El Mirador (294) 431-1426. reservasclubmirador@gmail.com Restaurante de Eugenio Triay con espectacular vista de 180° al lago Nahuel Huapi y Puerto Arauco. Propone una cocina moderna que combina productos locales con técnicas francesas e influencias asiáticas. Tiene carta de día y de noche, con platillos pensados para compartir y acompañar la puesta del sol. Terraza con mesas al aire libre y bar.
Akol Boulevar Quetrihue 488. (294) 481-7691. Es el restaurante que Joni Palavecino abrió en 2022 en el barrio náutico Akol. Martes a sábado desde las 19.
Parrilla Al Alba Av. Arrayanes 270. (294) 424-1094. Emprendimiento familiar de la familia Albares, donde trabajan varias generaciones. Además de carnes a la parrilla (acompañadas de una gran variedad de salsas), la carta incluye trucha, pastas, guisos y otros platos caseros. El goulash servido dentro de un pan casero es uno de los clásicos de la casa, al igual que los buñuelos de acelga, y el volcán de chocolate acompañado por helado sabor Nutella. Todos los días de 12.30 a 15.30 y de 20 a 23; en temporada baja cierra los martes.

Nicoletto Pastas Av. Arrayanes 256, local 4, Galería Apen Hue. (294) 496-1180. Casa de pastas y restaurante familiar que Natalia Verdugo y Nicolás De Titto fundaron en 2004, a partir de las recetas de la abuela de Nico. Elaboran pastas frescas artesanalmente y a la vista, sin conservantes, y también las venden para llevar. Entre las especialidades están los raviolones de cordero y hongos y los sorrentinos de trucha y ciervo, además de malfatti, ñoquis y canelones. Abre todos los días de 12 a 15 y de 20 a 23.
La Casita de la Oma Cerro Inacayal 303, Villa La Angostura. (294) 456-6582. Casa de té clásica de la villa hoy a cargo de Jemina García, ingeniera industrial que se volcó a la pastelería. La carta es acotada y cambia según la producción: siete tortas, scones y sándwiches, todo elaborado en el lugar. La torta de coco es una de las más pedidas. La casa de madera, cálida y rodeada de jardín, conserva el encanto que la convirtió en un clásico. Abre de martes a domingo de 15.30 a 20.

York Bakery Las Frambuesas 100. Esta cafetería de especialidad lleva dos años en Villa La Angostura. Ofrece panes de masa madre y una atractiva selección de hojaldres y pastelería artesanal. Todos los días de 8 a 21.
Bunghalo Coffee Roasters, Av. Arrayanes 270, local 10, Galería Mamuschka. IG: @cafe.bunghalo. El primer tostadero de café de especialidad de Villa La Angostura abrió en julio de 2026, impulsado por Germán Bunge y Agustina Coll. Los granos de distintos orígenes se tuestan a la vista mediante un sistema de convección de aire y se venden enteros o molidos en el momento. También sirven espresso y filtrados, organizan degustaciones y capacitaciones y abastecen a hoteles y restaurantes de la región.
Paseos y excursiones
Patagonia Infinita Kayak Bike & Adventure (294) 455-3954. patagoniainfinita@gmail.com Desde 2005, Pablo Beheran (instructor de la American Canoe Association nivel 4) y su equipo organizan todo el año excursiones de kayak de travesía por los lagos Nahuel Huapi, Espejo y Correntoso. Ofrecen salidas de medio día, jornadas completas y travesías de varios días con pernocte en zonas agrestes, con opciones de snorkel, trekking y campamento. Los recorridos son para grupos reducidos y se adaptan a distintos niveles de experiencia; todo el equipamiento (para cada estación del año) y los seguros y guías están incluidos. También ofrecen experiencias para grupos de trabajo y excursiones en bicicleta.

Patagonia Sailing Muelle principal de Bahía Mansa. (294) 461-9781. patagoniasailing@gmail.com. IG: @patagoniasailing Navegaciones a vela en grupo o de manera privada a cargo de Ernesto Humar. La propuesta prioriza navegar sin ruido de motor, bordeando bosques, costas y bahías, con explicaciones sobre el paisaje y la navegación. Hay recorridos de distinta duración por la Bahía Cumelén, Las Balsas, Manzano, además de excursiones al Bosque de Arrayanes. También realizan paseos al atardecer. No se requiere experiencia previa y los pasajeros pueden participar de la navegación.
Rucan Turismo Av. Arrayanes 167, local 5, Villa La Angostura. (294) 490-3356. operaciones@rucanturismo.com Agencia de turismo receptivo con más de 30 años de trayectoria. Entre sus propuestas está el Circuito Angostura, un recorrido para conocer la historia, los barrios y los principales atractivos de la localidad, desde Puerto Manzano, La Villa hasta el istmo de Quetrihué, El Messidor, la Capilla de la Asunción, el lago Correntoso y los miradores de Bahía Mansa, Bahía Brava, Inalco y Muelle Viejo. $50.000.
Nómades de la Montaña (294) 455-1386. Lola Moreno y Fabián Fasce, guías de montaña y kayak, organizan salidas de uno o dos días. En verano ofrecen trekking por distintos ambientes de montaña y, durante el invierno, caminatas con raquetas de nieve.






