
A poco más de media hora de Marbella, conserva el alma de un pueblo blanco con geranios, buganvillas, playas larguísimas y comercios históricos, mientras suma hoteles, cafés de especialidad y cocina de autor
Hay un punto exacto en el mapa donde la Costa del Sol baja el volumen, se refugia de las miradas y recupera la memoria. En el imaginario viajero, esta franja frente al Mediterráneo -bautizada así por un sol que rara vez se esconde- suele evocar, casi por acto reflejo, el glamour de Marbella, los yates de Puerto Banús o el Museo Picasso en Málaga. Sin embargo, casi al final de sus 150 kilómetros de ruta, asomándose al límite con Cádiz, Estepona es una invitación a volver a las raíces andaluzas. No sé si por estar más alejada del aeropuerto -aunque queda a menos de una hora en auto- o por su posición en el extremo occidental, pero logró mantenerse como un secreto y preservar intacta el alma de un auténtico pueblo blanco.
Quizá sea eso lo que la hace tan especial. Sus callecitas angostas, transformadas en verdaderos jardines donde cuelgan macetas con geranios y hay pérgolas llenas de buganvillas, le ganaron con justicia el apodo del “Jardín de la Costa del Sol”. También sus muros cuentan historias: ya sea a través de sus murales de arte urbano o de los poemas de Machado, Lorca y Shakespeare que asoman en distintos rincones para convertir la caminata en una ruta literaria.

Quizá el encanto pasa por sus tiendas locales, como la frutería que desde la mañana tiene cola en la puerta. La mujer que atiende conoce a algunos clientes por su nombre y va llenando bolsas con tomates mientras conversa con ellos. En las calles del centro se escucha español, pero también inglés, francés, alemán e italiano, porque hoy Estepona es el hogar de 78.000 habitantes -cerca de una cuarta parte de ellos extranjeros- y funciona como una pequeña torre de Babel.
O tal vez sea, simplemente, porque el ritmo apacible de su puerto pesquero sigue marcando el tic-tac de sus días. Esa vida cotidiana no se puede fabricar para el turismo y se respira, sobre todo, de madrugada. Cuando buena parte de la ciudad todavía duerme, allí ya hay movimiento. Las barcas regresan, se descarga el pescado y comienza una jornada que recuerda que, mucho antes de la llegada de los extranjeros y de un puñado de hoteles de cadenas internacionales, Estepona era (y es) un pueblo vinculado al mar. Como antes, como siempre.


Más tarde, ese pescado recién sacado del agua llega directo a las mesas de restaurantes clásicos del puerto, como La Escollera, donde la especialidad es la cocina marinera y el producto ocupa el centro. Mientras tanto, al caminar junto al agua, el aire trae otro aroma inconfundible: el de los clásicos espetos de sardinas asadas a las brasas que perfuman el paseo con esencia de mar.
El centro histórico es peatonal y está hecho para caminar sin rumbo demasiado preciso: una calle desemboca en otra, aparece una pequeña plaza, una panadería o la icónica Torre del Reloj asomando su campanario colonial entre los tejados blancos. Si el viaje cae en domingo por la mañana, es una gran oportunidad para recorrer los puestos de su clásico mercado.


Además, el entramado de calles se llenó de cafecitos de autor, como Tolone o Desiderio, que son paradas perfectas para hacer una pausa en el recorrido antes de entrar a la Casa de las Tejerinas, un palacete del siglo XVIII donde arman un pesebre monumental, siempre hay muestras de arte y sus vitrales regalan una vista inmejorable a la Plaza de las Flores. Allí afuera, el sonido del agua de la fuente se mezcla con las conversaciones de las mesas o con un saxo sonando en vivo. Y, si de flores hablamos, una de las visitas obligadas es el Orquidario, que protege más de 1.500 especies alimentadas por una cascada interior con una caída de 15 metros.

Estepona crece a orillas del mar y desde sus playas se puede ver la silueta de Gibraltar recortada sobre un agua siempre azul. Al fondo, en los días claros, el horizonte revela el perfil montañoso de África. Las playas invitan a largas caminatas con los pies mojados o junto al mar, sobre la pasarela que forma parte de la Senda Litoral, un paseo de madera que hilvana los destinos de la zona. Además, la vida costera sumó su propia versión de la sofisticación con nuevos beach clubs llenos de estilo. Lugares como Sublim, por ejemplo, proponen un cambio de paradigma en la playa: una arquitectura de formas orgánicas que se integra con naturalidad en la arena, donde la estética, la música y la gastronomía se disfrutan frente al mar.

Estepona es un lugar perfecto para recorrer a pie o en bicicleta porque, a diferencia de otras ciudades costeras, es plana. También es uno de los destinos favoritos de los golfistas; cerca están los campos de Villa Padierna y Finca Cortesín, apenas dos de los más de 80 campos profesionales que tiene esta zona -conocida también como la Costa del Golf- para practicar golf entre el mar y la montaña.
Y cuando no es tiempo de playa (que casi nunca sucede), siempre existe la opción de la montaña. Estepona crece a los pies de Sierra Bermeja, perfecta para los días de trekking. Vale la pena animarse a alguno de los senderos que suben hacia Los Reales, donde sobrevive el único bosque europeo de pinsapos que crece sobre peridotitas, una roca que tiñe todo el paisaje de tonos cobrizos y granates. El pinsapo es un abeto mediterráneo de aspecto prehistórico, con ramas oscuras, rígidas y compactas. En apenas unos kilómetros, se pasa de caminar junto a la brisa del mar a estar rodeado de niebla, tierra color óxido y un bosque denso que parece pertenecer a otro tiempo.

El punto de partida para explorar el sur
Parte del secreto mejor guardado de Estepona es su ubicación en el mapa: funciona como un punto de equilibrio entre varios mundos y como el refugio ideal para recorrer Andalucía sin cambiar de hotel cada noche.
Hacia el este, a solo media hora, se roza con el lujo vibrante de Marbella y el desfile de yates de Puerto Banús. Hacia el oeste, aparece Sotogrande, con su exclusividad silenciosa y su atmósfera serena ligada al polo. Y, un poco más allá, los tesoros andaluces y los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Apenas a una hora de auto está Tarifa, justo en el punto geográfico donde se cruzan el Atlántico y el Mediterráneo, ideal para practicar kitesurf y después caminar por sus callecitas de espíritu hippie chic. A esa misma distancia, adentrándose en la sierra, espera Ronda con su vertiginoso Puente Nuevo asomado al abismo del Tajo, el desfiladero de piedra que cavó el río Guadalevín.
Luego, estirando el viaje a unas dos horas o poco más, el mapa acerca la imponente Giralda en Sevilla, la Mezquita de Córdoba o la Alhambra de Granada. Incluso, en la provincia granadina, entre diciembre y mayo es posible subir a Sierra Nevada para cumplir esa vieja fantasía andaluza: arrancar la mañana tomando sol en la playa y terminar el día bajando las pistas de esquí. Finalmente, a solo 50 kilómetros de Estepona, el Peñón de Gibraltar asoma como la excusa perfecta para cruzar la frontera a pie y sentarse a tomar un té con scones, como si estuvieras en Gran Bretaña pero sin tener que subirte a un avión.

Datos útiles
DÓNDE DORMIR
METT Hotel & Beach Resort Urbanización Costalita s/n. www.mettsocialliving.com
Inaugurado a mediados de 2023, cuenta con 249 habitaciones frente al mar.
Hacienda del Mar, de Meliá Collection Autovía A-7, Km 1064. www.melia.com
Abrió sus puertas en 2024 y recrea la elegante arquitectura de una aldea andaluza en un formato exclusivo.
El Pilar Andalucía Hotel Boutique Plaza de las Flores, 10.T: (+34) 952 80 21 94.
www.elpilarandalucia.com
La mejor opción para vivir el pulso histórico. Inaugurado en 2021, cuenta con solo 36 habitaciones que se asoman a la Plaza de las Flores.
DÓNDE COMER
La Escollera C. Puerto Pesquero, 10.T: +34 952 80 63 54.
Una institución ineludible en el puerto. Sin pretensiones, pero con una materia prima excepcional; el lugar ideal para probar la pesca fresca del día.
Malva Beach Playa de la Rada / Paseo Marítimo.T: +34 952 11 35 56.www.malvabeach.es
Uno de los pocos restaurantes de alta gama ubicados literalmente sobre la arena. Una experiencia que fusiona coctelería de autor, excelente producto de mar y arquitectura sofisticada a pie de playa.

