
Entre Recoleta, Monserrat, San Nicolás, Barrio Parque y La Paternal, salidas para comer algo y celebrar la arquitectura
Pasear entre obras de arte, caminar por un jardín escondido o tomar el té en un salón que tuvo un papel clave en la independencia del país... Buenos Aires guarda espacios con identidad que se pueden visitar sin gastar demasiado. El plus está en el recorrido: hitos urbanos para atravesar, casi sin darse cuenta, distintas capas de la historia porteña.
Un té en la quinta de Rodríguez Peña
Sobre la avenida Callao, el Hotel Palladio Buenos Aires resguarda parte de la historia de Rodríguez Peña, uno de los protagonistas del Cabildo Abierto del 22 de Mayo. En los terrenos de la finca conocida como “Calle de las Tunas”, la casona dio paso a un petit hotel que se levantó en 1904. Luego tuvo otros usos, pero cuando se construyó el hotel en 2010, el proyecto preservó los salones principales, que fueron el escenario de las reuniones secretas que antecedieron a la Revolución de Mayo. Vieytes, Moreno, Belgrano, Saavedra y Paso, entre otros, cruzaban el patio, esquivaban el aljibe y se encerraban en esas salas a deliberar. Testigos de la historia, los paneles de madera y una escultura de bronce florentino –un niño dormido en una silla– son los elementos que se preservan y que dialogan con el restaurante, el spa y el lobby.


En 2018, la empresa Caruso & Asociados abrió el hotel y conservó el escenario que marcó una época, cuando los próceres atravesaban la alameda para tejer el futuro del país. Ahora, en los salones se sirve té, con scones, profiteroles y cheesecake, entre otras delicias, que también incluyen sándwiches de salmón ahumado, pastrón y pepino marinado.
- Desde $40.000 por persona. Todos los días, de 17 a 19 horas. Av. Callao 924, Capital Federal. T: (11) 3596-8870. IG: @negrescobistroybar
Un hito de la arquitectura industrial
La perlita que oculta La Paternal brilla en el pulmón de la manzana de una ex compañía química. Stern –estrella en alemán– es el restaurante de triple altura y amplios ventanales que encontró su lugar en el complejo Espacios Estrella, un “hotel industrial” donde durante 80 años funcionó la ex droguería Química Estrella. En la torre ladrillera, típica de la arquitectura inglesa, se acopiaba algodón.



Los orígenes de Química Estrella se remontan a 1836, cuando la familia Demarchi abrió la histórica farmacia La Estrella. La marca se transformó en sociedad anónima y comenzó a cotizar en la Bolsa de Buenos Aires. En 1921, compró un terreno de alrededor de 40.000 m2 en pleno corazón geográfico de la ciudad: Av. de los Constituyentes y Chorroarín. En 1924 la fábrica se construyó bajo la dirección de ingenieros holandeses y alemanes, en estilo inglés y con ladrillo prensado. Los arquitectos italianos Alfredo y Alberto J. Olivari proyectaron el edificio como un conjunto de pabellones unidos por puentes que intercomunican cada una de las secciones. Lo inauguraron en 1928 y, por sus dimensiones, fue única en el país y la más importante de la región. Luego la empresa cambió de accionistas y dejó de fabricar algodón.
Donde hoy funciona el restaurante antes estaba el bufete de los trabajadores del predio y luego alojó en sus galpones a empresas de tecnología y logística. Hasta que cerró y se transformó en un muy buen lugar para comer muy buena comida elaborada con ingredientes frescos y pastelería artesanal, entre salones vidriados, mesas compartidas, cocina a la vista y vistas al parque.
- De lunes a viernes de 8 a 18. Av. de los Constituyentes 2985, Capital Federal. T: (11) 7127-8888. Conviene reservar. Al ingresar solicitan DNI.
Un mirador en Barrio Parque
Diseñada por Mario Palanti en 1922, la icónica residencia abrió sus puertas este año y se recomienda en la guía Michelin. Con Juan Ventureyra al frente de la cocina, la propuesta recupera el valor histórico del edificio con una carta contemporánea centrada en el producto, la estacionalidad y la técnica. En la esquina de Ortiz de Ocampo y Eduardo Costa, Casa Palanti, conocida popularmente como la Casa Redonda, tiene la impronta del autor del Palacio Barolo.


Construida como residencia de la familia Fevre, es una de las más de treinta obras que Palanti desarrolló en Buenos Aires. Su fachada curva, la torre-mirador y distintos elementos inspirados en La Divina Comedia −al igual que el Barolo−, la convirtieron en una pieza representativa de la arquitectura porteña de principios del siglo XX. Tras un proceso integral de restauración, el edificio conserva la boiserie de madera, vitrales y herrerías, incorporando mobiliario e iluminación diseñados especialmente para el proyecto.
Como parte de esta nueva etapa, Casa Palanti ofrece un brunch los sábados, domingos y feriados. Hay propuestas de varios pasos, como huevos, trucha, selección de quesos o paté de hongos para comenzar; principales como la emblemática milanesa con hueso, la pesca del día con beurre blanc o los linguini alla vodka; guarniciones como el brócoli con miso y praliné de avellanas o el puré de papa trufado; y un cierre dulce con tiramisú, helado o profiterol.
- De lunes a miércoles de 12 a 24, y de jueves a domingos de 12 a la madrugada. Ortiz de Ocampo 2901, Capital Federal. IG: @casapalanti
El salón de un conde ruso
El Hotel Lancaster de Buenos Aires nació de una historia de exilio, aristocracia y negocios. Ubicado en la esquina de avenida Córdoba y Reconquista, el edificio fue proyectado en 1943 por los arquitectos Juan Manuel Acevedo, Alejandro Becú y Pablo Moreno. Lo levantaron para el conde ruso Serguei Zubov, un aristócrata que había abandonado Rusia tras la Revolución de 1917. Zubov y su esposa, Rosario Schiffner, concibieron el hotel como una extensión de su vida social: un lugar para recibir a diplomáticos, nobles europeos exiliados y artistas. La construcción, de inspiración inglesa y georgiana, fue realizada para la Sociedad Inmobiliaria Schaffhausen, cuyo principal accionista era Zubov.


Durante sus primeras décadas, el Lancaster fue uno de los hoteles de referencia de la ciudad. Entre sus huéspedes estuvieron el escritor británico Graham Greene y miembros de la familia Rockefeller. Su salón de té, ubicado en la esquina de Reconquista y el pasaje Tres Sargentos, se convirtió en un clásico de las tardes porteñas. Luego de la puesta en valor encarada por la cadena NH, el edificio conservó los rasgos de su diseño original: ladrillo a la vista y piedra Mar del Plata en el basamento.
Las tardes de té en estos salones icónicos incluyen jugos naturales, selección de scones, tartas frutales, macarons y mousse de chocolate, focaccia de tomates con jamón crudo, sacramento de lomo ahumado y queso brie, tostadas de campo con mermelada artesanal.
- Desde $34.000 por persona. Todos los días, de 16 a 19 horas. Córdoba 405, Capital Federal.
Un jardín secreto
El Palacio Duhau es una icónica mansión de estilo neoclásico francés ubicada en Avenida Alvear, en el barrio de Recoleta. Construido en 1934 por el arquitecto León Dourge, fue residencia de la familia aristocrática Duhau hasta 1995. Declarado Monumento Histórico Nacional, desde 2006 funciona como el lujoso hotel Palacio Duhau - Park Hyatt Buenos Aires.


La historia del terreno comienza antes. Allí se levantaba la residencia de Teodoro de Bary, diseñada por el arquitecto Carlos Nordmann en 1898. En esa casa se alojó la infanta Isabel de Borbón durante su visita a Buenos Aires por los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910. En 1920, la familia Duhau compró una de las propiedades del terreno y, años después, adquirió el lote vecino para construir el palacio que se conserva actualmente. El diseño tomó como referencia el Château du Marais, de París. La propiedad original contaba con más de 4400 m², incluyendo una barranca con jardines escalonados, algo inusual en el tejido urbano porteño. El edificio fue concebido con una fachada simétrica y neoclásica, columnas dobles corintias, mansardas de inspiración parisina y materiales nobles importados, como piedra reconstituida traída desde Francia. Uno de los elementos más distintivos del Palacio Duhau es su imponente boiserie de roble tallado a mano, realizada entre los siglos XVI y XVII y traída especialmente desde Normandía, Francia. Fue el propio Luis Duhau quien la adquirió durante un viaje por Europa, al enterarse del remate del mobiliario de un château en desuso. Junto con la boiserie, también se transportó una chimenea de piedra caliza, que formó parte del diseño interior original. El Salón Cristal, con sus candelabros Baccarat, los Salones del Piano Nobile con su friso de oro blanco, y el Oak Bar con su boiserie normanda son ejemplos de cómo la herencia europea convive con el diseño actual. El arte también dice presente en este edificio declarado Monumento Histórico Nacional: el corredor subterráneo que conecta ambas alas del edificio se visita gratis.
El clásico Five O’Clock Tea inglés se sirve en los salones del Piano Nobile con vista a los jardines. Incluye selección de scons con mermelada artesanal, degustación de sándwiches, variedad de petits gâteaux, pastelería y panadería artesanal, con copa de espumante.
- Desde $64.000 por persona. Todos los días, de 12 a 15 horas. Av. Alvear 1661, Capital Federal. T: (11) 5171-1234.
Buenos Aires colonial y subterránea
Bajar a los subsuelos de Cassa Lepage, en Montserrat, es descubrir objetos que hablan de cómo se vivía en el siglo XVII. Sobre un pasaje icónico, en pleno centro, este espacio rescata buena parte de los tesoros arqueológicos más valiosos de la época colonial.
Después de un trabajo exhaustivo de recuperación y puesta en valor, el Pasaje Belgrano funciona como una cápsula del tiempo. Tras las vitrinas subterráneas se aprecia un catálogo inédito que cuenta con 2.460 piezas de gran valor arqueológico. Entre ellas, una ficha de dominó de hueso, jarras pintadas de terracota (1600 – 1650) y tinteros de vidrio y gres cerámico (1850 – 1900).


El conjunto que data de fines del siglo XIX, la ex Casa del Obispo que perteneció a Martín de Álzaga y lo heredó Felicitas Guerrero, fue la sede inicial del Círculo de Prensa de Buenos Aires y set de la primera filmación de cine del país. Aquí se conservan vasijas, jarrones, utensilios y maquinarias descubiertos durante la puesta en valor del edificio del barón belga Enrique Lepage, que luego dio lugar a los pioneros del cine nacional Eugenio Py y Max Glücksmann.
Entre otros proyectos, se inauguró la empresa Odeón, donde Carlos Gardel grabó sus primeros discos. En homenaje a este episodio, un hito en la línea de tiempo del ex Pasaje, la terraza de Cassa Lepage Art Hotel tiene murales del Zorzal Criollo realizados por Marino Santa María. Los expertos en arqueología urbana dirigidos por el Dr. Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (IAA-FADU UBA), descubrieron cómo era la vida en el antiguo Pasaje Belgrano. El rescate arquitectónico, a cargo del estudio Ana María Carrio, resignificó esos antiguos locales como galería de arte, restaurante y salas de convenciones y lobby del hotel, manteniendo su característica inicial de uso comercial. Los pisos vidriados permiten ver los subsuelos y el museo de sitio con sus columnas y paredes de ladrillos originales. El circuito incluye visita guiada por el museo de sitio y la galería de arte. Desde la terraza del hotel, en tanto, se aprecian las cúpulas del edificio Otto Wulf, el ir y venir de la empedrada Bolívar y un jardín de plantas nativas copado por pájaros y mariposas.
- Los jueves a las 19, con reserva, la arqueóloga Flavia Zorzi está a cargo de las visitas guiadas. Bolívar 373, Capital Federal. T: (11) 6672-6999. IG: @cassalepagebuenosaires
Chocolate con acento francés
Con una propuesta especialmente diseñada en torno al chocolate, el restaurante Alma Buenos Aires del Hotel Sofitel Buenos Aires Recoleta invita a sumergirse en una experiencia sensorial que combina técnica, creatividad y el savoir-faire de la gastronomía francesa. El Festival du Chocolat es un homenaje a uno de los grandes emblemas de la cultura gastronómica francesa a través de la historia del cacao, las técnicas y combinaciones. La propuesta incluye creaciones dulces y saladas, espumante e infusiones.

- Desde $105.000, los adultos; y $90.000, los menores (de 4 a 12 años). Todos los sábados de invierno de 16 a 18 horas. Posadas 1232, Capital Federal. IG: @alma.buenosaires



