
El edificio gozó de prestigio durante años, hasta que el deterioro lo transformó en una pajarera; su restauración le devolvió el esplendor de principios del siglo XX
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Lo compraron abandonado, al borde del colapso e invadido por palomas. Hoy, el edificio de la Fundación Pablo Cassará es una de las joyas secretas del eje de la Avenida de Mayo. Ubicado al 1190, en la esquina de Salta, la terraza con piso vidriado y la galería de arte invitan (de manera gratuita), a disfrutar de atardeceres panorámicos en un complejo que conjuga pasado y presente.
Por Vivian Urfeig

