
Defensoras de arrugas y líneas de expresión: resistirse al bótox, ¿un símbolo de estatus?
En un contexto de crecientes intervenciones estéticas, muchas mujeres de 50, 60 y hasta 70 años apuestan a un rostro “natural” como forma de diferenciación
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“Hoy en día todas tenemos más o menos la misma cara, y es un garrón”, dijo hace unas semanas la creadora de contenido Sofía Gonet, conocida como “La Reini”, que tiene más de un millón de seguidores en Instagram. A sus 27 años, la chica que intervino su rostro por primera vez a los 18 años y admite ser heavy user de procedimientos estéticos, puso sobre la mesa un tema del que muchos hablan de un tiempo a esta parte: con el número creciente de intervenciones en jóvenes sub 30, se produce cierta estandarización de las facciones que ya empieza a generar ruido en la conversación pública. A nivel local, los datos ratifican la tendencia: según cifras de ISAPS (Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética), la Argentina ostenta un lugar entre los 15 países que más cirugías estéticas realizan en el mundo, al tiempo que ganan terreno los tratamientos no invasivos como el bótox y el ácido hialurónico. De los 435.936 tratamientos realizados en 2024 (último registro publicado a la fecha), la mayoría fueron no quirúrgicos, con el ácido hialurónico en primer lugar (35,4% de los procedimientos) y la toxina botulínica en segundo (26,1%).



