
Dejó una multinacional y apostó a una transformación profunda: “El éxito no debe ser a expensas del agotamiento”
Natalia De Vita, psicóloga y escritora, plantea que la clave no está en gestionar el tiempo, sino la energía personal
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Psicóloga, escritora y mentora de líderes: quien ostenta estos títulos es Natalia De Vita, con más de 20 años de experiencia trabajando con organizaciones, equipos directivos y profesionales en Latinoamérica. En su nuevo libro, Energía que lidera, propone un cambio de paradigma en el management. En un mundo donde el 59% de los líderes confiesa “estar drenado”, De Vita plantea que la clave no está en gestionar el tiempo sino la energía personal. Así, desglosa el modelo de liderazgo humano y sostenible que propone y relata el proceso personal que la llevó de una multinacional exitosa a una transformación vital profunda.
-¿Cómo fue esa experiencia que te llevó a tomar la decisión de dejar un entorno corporativo donde, en teoría, “te iba bien”?
-Recuerdo esa etapa con mucha claridad porque todo parecía estar bien. Tenía un rol importante, resultados, estabilidad, una compañía multinacional con muchísimos beneficios, pero por dentro me sentía agotada. Sobre todo me sentía desconectada y sin ese entusiasmo real que a mí siempre me caracterizó como una actitud hacia el trabajo. Descansaba los fines de semana, recuperaba un poco el cansancio, pero me daba cuenta de que no alcanzaba y que había algo más profundo. Con el tiempo entendí que ese agotamiento no era por exceso de trabajo, sino que había una sensación de estar sosteniendo una etapa que internamente ya se había terminado; simplemente me costaba poder reconocerlo y enfrentarme a ello.
-¿Y por qué seguías?
-Seguramente por mi deber ser, por mi responsabilidad, mi estructura y por lo que se esperaba, pero ya no había un objetivo claro de expansión, ni de sentido, ni una energía vital que me empujara. Tomar la decisión no fue algo fácil, fue un proceso que me incomodó muchísimo, pero lo enfrenté con una honestidad muy clara. Fue el inicio de una serie de preguntas que hoy comparto en el libro, porque es un proceso que atravesé y que hoy ayudo a otras personas a transitar. Muchas veces tiene que ver con reconocer que no nos falta capacidad, sino que lo que nos está faltando es esa energía, esa pasión que nos impulsa a ir por lo que deseamos.
-Mencionás datos de Harvard Business Review que indican que el 59% de los líderes se sienten física y emocionalmente agotados al terminar el día. ¿Qué pasa en nuestra realidad local?
-El gasto energético típico del líder argentino no pasa únicamente por la cantidad de trabajo, sino por lo que llamo la ‘carga invisible’. Es esa carga de estar en el hacer, resolver, anticiparse, adaptarse y decidir bajo presión, y muchas veces hacerlo sin un espacio real de reflexión para procesar lo que está pasando. Durante años se valoró a los líderes que hacen todo bajo el culto de la hiperproductividad y del multitasking, pero ese modelo tiene un costo alto. Cuando una persona lidera desde el agotamiento y normaliza ese comportamiento, se vuelve más reactiva, pierde claridad y baja su creatividad. Esto afecta, por supuesto, la calidad de sus vínculos y empieza a funcionar en lo que yo llamo ‘modo automático’. Sosteniendo esto a largo plazo, deriva en una gran desmotivación, en un posible burnout y en una desconexión muy profunda de uno mismo con el rol. Por eso es vital ser observadores de nuestra energía: ser líderes que impactan con resultados, pero que también impactan positivamente en su vida personal y en la del equipo.
-¿A qué te referís con “gestión consciente de la energía”?
-Yo digo que la gestión consciente de la energía no se resuelve con una pausa aislada, sino con sostener hábitos en lo cotidiano. En un contexto de sobreestimulación, muchas personas viven con el sistema nervioso en alerta sin darse cuenta; parece algo normal. Para reconstruir la energía, hay que volver a tres bases simples. La primera es el movimiento, para reactivar el cuerpo. La segunda es el descanso como una recuperación: no solo dormir, sino darnos el tiempo para recuperarnos física y mentalmente. Y la tercera es el ritmo, como una forma de salir del piloto automático y la exigencia permanente para volver a un modo más calmo y sostenible en el vivir y en el trabajar. Volver a estas tres bases nos permite recuperar nuestra energía sin normalizar que el éxito tenga que ser a expensas del agotamiento.

-Es común creer que si el trabajo nos gusta, siempre deberíamos estar motivados. ¿Podrías explicar la diferencia entre energía y entusiasmo?
-El entusiasmo es un impulso, un estado emocional mucho más puntual que aparece cuando algo nos ilusiona, nos desafía o nos inspira. La energía, en cambio, es el sostén; es la base que nos mantiene en el tiempo. Tiene que ver con cómo estoy físicamente y cómo está mi energía mental y emocional para atravesar el día. Puedo sentir entusiasmo por algo que me apasiona, pero al mismo tiempo estar drenada. Pasa mucho cuando alguien lanza un proyecto que ama: tiene ganas y compromiso, pero duerme mal, vive acelerado e irritado. Ahí no falta motivación, falta una energía que necesita ser bien gestionada.
-¿Qué rol juega la “energía emocional” en la toma de decisiones y en el clima de un equipo?
-La energía emocional es el estado interno desde el que atravesamos lo que vamos viviendo. Influye en cómo interpreto los hechos, cómo respondo, cómo decido y cómo me vinculo. Las emociones se sienten en el cuerpo, en el tono de voz y en el impacto que generamos en los otros. En el liderazgo esto es fundamental porque las emociones se contagian. Un líder desbordado, aunque no lo diga, lo transmite. Un líder que tiene registro de sí mismo y sabe regular su emoción frente a una situación crítica genera un entorno distinto. No es lo mismo decidir desde la calma y la claridad que desde una emoción sobresaltada. Si no gestionamos la energía emocional, terminamos reaccionando de más y acumulando una tensión que afecta directamente nuestros vínculos y el clima de trabajo.
-¿Qué consejos le darías a un líder que quiera salir del “modo supervivencia”?
-Hay que salir de la trampa del ‘yo puedo con todo’. Ese estilo de liderazgo donde todo lo tengo que controlar e inspeccionar es una trampa que impide delegar y nos agota en el micromanagement. Un líder energéticamente saludable no es el que aguanta más, sino el que aprende a sostenerse mejor. Algunos hábitos claves son: estar presente observando nuestro cuerpo y registrando las señales antes del colapso; cuidar la claridad mental sin vivir atrapados en la urgencia y gestionar la energía emocional reconociendo el estado interno sin taparlo. También es incorporar pausas de recuperación breves durante el día, salir de la pantalla y, sobre todo, delegar y soltar el control innecesario. Poner límites con conciencia y no estar disponible para todo, todo el tiempo, nos permite cuidarnos y darle espacio al equipo para que crezca. Cuidar nuestra energía es, en definitiva, construir un liderazgo mucho más sano y efectivo.





