Revancha. El verano les reserva una nueva oportunidad a los labiales
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La pandemia ha cambiado muchas cosas sobre cómo vivimos. Quizá de manera más inmediata cómo nos vestimos y lo que ponemos en nuestros pies, cinturas, rostros y sobre todo en nuestros labios que permanecen tapados con cubrebocas.
Siempre fui una amante de los lápices labiales. Algunas personas encuentran el color que les gusta y siempre usan el mismo. Yo pienso de los labiales lo que otros piensan de los zapatos: hay diferentes colores para diferentes ocasiones, y para diferentes horas del día. Tengo todos mis labiales bien alineados según la marca y subdivididos en colores. Rojo rojo. Rojo azulado. Coral.
Durante los primeros meses de la pandemia, que casi los pasé enteros en ropa deportiva, a veces abría el gabinete, veía esos tubos brillantes y susurraba: “Algún día volverás a ser libre”. Estaba sola en el departamento. En otras palabras, yo volvería a ser libre. Pero, conforme transcurrían los meses, empecé a dudar de que eso en efecto fuera a suceder. La vida parecía muy lejana. O usabas cubrebocas o usabas labial. Dado que soy una ciudadana responsable, elegí lo primero.
Al parecer muchas otras personas hicieron lo mismo. Durante la crisis económica que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001, Leonard Lauder acuñó el término “índice del labial”. Su idea era que entre peor fuera la economía, más labiales compraban las mujeres; compramos las cosas pequeñas cuando las grandes están fuera de nuestro alcance. La pandemia puso todo esto de cabeza. A medida que la economía pasaba por dificultades en 2020, las ventas de labiales también se desplomaron.
Y luego, ¡una vacuna! Seguida de recomendaciones actualizadas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos en abril de que los cubrebocas ya no eran obligatorios en exteriores. ¿Bienvenidos de nuevo, labios sexis?
Además de nuestros labios, había otra pregunta que muchos nos hacíamos esta primavera al resurgir del encierro: ¿quién soy ahora? Nos estábamos atreviendo a quitarnos el cubrebocas, listos para existir una vez más en el mundo, o al menos para pensar en cómo existir.
¿Qué aspectos de nuestro viejo estilo habían permanecido y, de esos, qué cosas usábamos solo por obligación, de la cual la pandemia ahora nos había liberado? ¿Éramos personas que se dejaban las canas? ¿Alguien en realidad estaba considerando volver a meter sus pies en tacones altos? Y, finalmente: ¿labios pintados o no pintados?
Ese primer día, cuando me fue posible salir de casa con un cubrebocas en el brazo y no en la cara, automáticamente tomé mi labial de confianza. Por primera vez en más de un año me sentía yo misma. Me sentía feliz. La pandemia me había arrebatado muchas cosas (el contacto físico, antes que nada) pero, al parecer mi devoción al labial seguía intacta. Una vez más fui parte de una tendencia. De acuerdo con cifras publicadas en mayo, el instante en el que los cubrebocas ya no fueron obligatorios en los Estados Unidos, las ventas de labiales volvieron a dispararse, hasta un 80% respecto al año anterior.
“Nuestros regímenes de belleza son una de las maneras más fáciles de tener acceso al cuidado personal”, dijo la maquilladoraMolly Stern, “y el lápiz labial es un gran acierto. En un par de minutos te lo pones y tiene un poder instantáneo para recordarnos que somos importantes”.
Esta feliz reunión con labial sería breve. Incluso antes de que la sumamente contagiosa variante delta reviviera los mandatos más estrictos del uso de cubrebocas, de todos modos debía usar uno para ciertos lugares, como para subirme al metro, por ejemplo.
Y si bien mi lápiz Gabrielle de Chanel ha permanecido fielmente a mi lado en innumerables ocasiones, no estaba hecho para la vida con cubrebocas. Me pintaba, me ponía el cubrebocas y al poco tiempo parecía que me había estado besuqueando con alguien como adolescente, con el labial embarrado en todas partes menos en mis labios. Tenía que reevaluar las cosas.
Entonces llegaron a mi vida los labiales de larga duración, muchos de los cuales, según aprendí por las malas tras numerosos recorridos por los pasillos de maquillaje, no son tan potentes como para soportar un cubrebocas. Sin embargo, hay algunos que están a la altura, o mejor dicho, que resisten nuestros tiempos. Una vez que te lo pones, es posible que nunca se quite, ciertamente no con agua y jabón, y mucho menos saldrá de un cubrebocas si se mancha (consejo profesional: tendrás que usar un desmaquillante a base de aceite).
Ahora sabemos que no hay un regreso perfecto a nuestra antigua vida. En el mejor de los casos, todo lo que podemos hacer es tomar pequeñas decisiones sobre lo que podemos llevar con nosotros y cómo hacer que encaje en este nuevo mundo incierto. El lápiz de labios permanece. Hoy en día, quitarse la mascarilla parece una escena salida de una película de superhéroes con identidades secretas. Aquí estoy yo en mi versión de 2021, cumpliendo responsablemente con las reglas. Y ahora aquí estoy yo, y mis labios, viviendo la vida al máximo, en la medida de lo posible.



