
Aunque suele minimizarse en comparación con otras adicciones, el uso excesivo de smartphones, consolas de videojuegos y redes sociales puede volverse patológico; según los expertos, afecta principalmente a jóvenes de entre 14 y 22 años
“Mi adicción comenzó de manera bastante inocente: al principio jugaba a la Play con mis amigos los fines de semana. Además, tenía en mi cuarto una PC con la que jugaba al Fortnite de día. Después, con el dinero de mis ahorros que me fueron dando mis abuelos para mi cumpleaños, me compré una PC gamer. Fue ahí cuando empecé a jugar algunas noches. Después, seguí jugando todas las noches hasta las 5 de la mañana, e incluso llegué a no dormir. En el colegio me empezó a ir mal, me dormía en clase, estaba muy cansado, pero llegaba a casa y dormía la siesta hasta las 20, comía con mi familia y esperaba que se durmieran todos para empezar a jugar. A mi viejo le decía que tenía que entregar trabajos del cole para justificar el uso de la compu. No me di cuenta de cuán intensamente estaba en los videojuegos hasta que empecé perder todo contacto con mi familia, con mi hermana que la amo y con mis amigos de fútbol. Vivía para conectarme y jugar por la noche. Me quedé libre en 5to año por faltas”, cuenta Lucas M. un estudiante de Derecho de 20 años.

