Ante la incapacidad de expresar ciertos sentimientos o la vivencia de situaciones traumáticas es nuestro organismo el que toma la palabra y la exterioriza en el doloroso lenguaje de la enfermedad
1 minuto de lectura'
El cuerpo habla. A través del intercambio de sustancias químicas que recorren complicados mapas internos construye mensajes que van más allá de la química. Así, la angustia se transforma en úlcera y un duelo deriva en infarto. Durante siglos, la mente y el cuerpo fueron una pareja despareja que sufrió innumerables uniones y fragmentaciones, y su articulación no ha sido sencilla a lo largo de la historia del pensamiento científico.
Hoy, la globalización impregna el saber con una mirada más totalizadora sobre el sujeto humano, a quien la enfermedad le duele en el cuerpo, pero la siente más allá de él. La integración entre lo psíquico y lo somático parece estar definitivamente instalada.
"No hay enfermedades de la mente y otras del cuerpo, sino que el ser humano es una unidad (mente-cuerpo-ámbito) que se enferma del mismo modo integral", introduce la doctora Diana Zabalo, médica neumonóloga y directora de la Asociación Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología.
"En este sentido, decimos que todas las enfermedades son psicosomáticas, dejando de llamar así exclusivamente al grupo inicial que describiera, en la década del 50, el doctor Alexander como enfermedades paradigmáticas: asma, artritis reumatoidea, gastritis, alergia, colitis ulcerosa, coronariopatía, hipertensión arterial, psoriasis, etcétera. Es importante que todas sean analizadas desde una mirada integrativa, que contemple la interacción entre distintas variables que se retroalimentan positiva y negativamente, aunque hay algunas enfermedades en las que es más evidente la correlación con las variantes emocionales, como es el caso del asma."
Y explica: "El asma es una enfermedad que se asienta en los bronquios, pero su origen se encuentra en un complejo entrecruzamiento de los sistemas nervioso, inmune, endocrino y del aparato psíquico; tratar de entenderlo sólo desde la neumonología es tan limitante como ver el árbol que tapa el bosque, ya que la lentilla del microscopio nos impide ver un bosque lleno de emociones, experiencias personales traumáticas, vínculos familiares y situaciones socioeconómicas que habitualmente quedan fuera del análisis científico".
Para destacar el peso de la variable emocional, Zabalo resalta un hallazgo de un estudio realizado en Buenos Aires sobre una población de 106 niños asmáticos: el 80% tuvo diagnóstico de alexitimia, un cuadro psicológico definido por la dificultad para expresar los sentimientos.
"Ante la presencia de una circunstancia que es reconocida como amenaza -explica el doctor Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés-, nuestra mente descarga ese entendimiento sobre el hipotálamo, una parte del cerebro que relaciona los cuadros emocionales con la respuesta física, causando la liberación de hormonas que producen modificaciones en el cuerpo, como retención de líquidos, aumento de la tensión arterial o inmunosupresión con predisposición a enfermedades infecciosas. Por otra parte, en presencia de un estímulo estresante se activa el sistema nervioso periférico, provocando reacciones propias del estrés, como aumento de la frecuencia cardíaca, palpitaciones, hipertensión, aumento de las secreciones gastroduodenales que predisponen a las úlceras."
Como el desencadenante puede ser tanto psíquico como corporal, es indispensable distinguir el motor de la enfermedad para desactivarlo y encarar medidas terapéuticas integrales capaces de reequilibrar todas las alteraciones, tanto físicas como emocionales.
Las dos caras del estrés
"Ante la presencia de una circunstancia que es reconocida como amenaza -explica el doctor Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés-, nuestra mente descarga ese entendimiento sobre el hipotálamo, una parte del cerebro que relaciona los cuadros emocionales con la respuesta física, causando la liberación de hormonas que producen modificaciones en el cuerpo, como retención de líquidos, aumento de la tensión arterial o inmunosupresión con predisposición a enfermedades infecciosas. Por otra parte, en presencia de un estímulo estresante se activa el sistema nervioso periférico, provocando reacciones propias del estrés, como aumento de la frecuencia cardíaca, palpitaciones, hipertensión, aumento de las secreciones gastroduodenales que predisponen a las úlceras."
Como el desencadenante puede ser tanto psíquico como corporal, es indispensable distinguir el motor de la enfermedad para desactivarlo y encarar medidas terapéuticas integrales capaces de reequilibrar todas las alteraciones, tanto físicas como emocionales.


