
La acumulación de plásticos en las costas del Río de la Plata fue uno de los puntos de partida para una pregunta que terminaría definiendo el camino la marca argentina Bonding: ¿es posible transformar un residuo en un producto de diseño que las personas realmente quieran usar?
A partir de esa inquietud comenzaron las primeras experiencias de recuperación de plástico y producción de anteojos. En 2018, la marca realizó sus primeras pruebas utilizando impresión 3D, en una etapa todavía experimental que permitió comprobar las posibilidades del material recuperado y empezar a pensar en un modelo de mayor escala.
Con el tiempo, aquel proceso evolucionó hacia sistemas de producción industrial mediante inyección y utilización de pellets, capaces de ofrecer mayor precisión, resistencia y calidad de terminación. Al mismo tiempo, ampliaron su investigación hacia nuevos materiales, incorporando alternativas recicladas, biobasadas y biodegradables. La premisa se mantuvo: la sustentabilidad debía convivir con el diseño, la calidad y la durabilidad del producto.

“Fue un proceso de evolución y aprendizaje constante. En 2018, la impresión 3D nos permitió experimentar con materiales recuperados, pero también entendimos rápidamente que, si queríamos generar un impacto real, necesitábamos llevar esa idea a una escala mayor. Ahí empezamos a trabajar en el desarrollo de materiales y procesos de inyección que permitieran utilizar pellets provenientes de plástico recuperado, incluyendo botellas, lentillas ópticas y scrap de la propia industria. Para nosotros hay algo que siempre fue fundamental: la sustentabilidad no puede ser una excusa para ofrecer un producto de menor calidad. El anteojo primero tiene que gustar, tiene que estar bien diseñado, ser cómodo y durable”, señala Martín Centeno, CEO de Bonding Eyewear.
Actualmente, ese recorrido se materializa en tres líneas que abordan el impacto ambiental desde perspectivas diferentes.
Re Born trabaja bajo los principios de la economía circular, dando una nueva vida a materiales que ya existen. Entre ellos se encuentran botellas plásticas recuperadas a través de “Pagá con Plástico”, una iniciativa mediante la cual los consumidores pueden acercar plástico a los puntos de recepción de la marca. El material recolectado atraviesa posteriormente distintas etapas de clasificación y procesamiento. Es separado por tipo y color, enfardado y enviado para su trituración, lavado, extrusión y pelletizado. De esta manera puede volver a utilizarse como materia prima. Las iniciativas vinculadas al reciclaje impulsadas por la marca desde 2017 permitieron recuperar más de 70.000 kilos de plástico, mientras que el programa de recuperación de lentillas ópticas ya superó los 320 kilos.

“Para nosotros el valor del programa va más allá de la cantidad de plástico recuperado. Lo interesante es que permite hacer visible algo que normalmente no vemos. Una botella deja de ser simplemente un residuo y pasa a ser un recurso. La participación de las personas es fundamental porque la circularidad no funciona solamente desde una fábrica. Necesita de consumidores, empresas, comercios y organizaciones que formen parte del circuito”, sigue Centeno.
La segunda línea es Bio Source, fabricada con un polímero de alto rendimiento producido parcialmente a partir de aceite de ricino, una fuente vegetal renovable. A diferencia de un material biodegradable, está concebido para ofrecer durabilidad, resistencia al calor, a los impactos y a distintos agentes químicos, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de materias primas de origen fósil.
Por último, Pure Cycle explora otra alternativa: materiales de base celulósica de origen vegetal capaces de bio degradarse bajo condiciones controladas. La búsqueda consiste en reducir el impacto del material sin resignar las propiedades necesarias para obtener un anteojo resistente, flexible y de diseño.
Las tres líneas responden a una misma filosofía: no existe una única solución para producir de manera más responsable. Reciclar lo que ya existe, incorporar materias primas provenientes de fuentes renovables y desarrollar alternativas para el final de la vida útil son caminos complementarios dentro de un mismo modelo.

“Son tres maneras distintas de abordar una misma pregunta: cómo podemos fabricar un anteojo reduciendo su impacto y pensando desde el comienzo qué sucede con los materiales que utilizamos. No buscamos elegir una única tecnología, sino investigar y combinar alternativas que tengan sentido para cada producto”, aporta el CEO de la marca.
Además de “Pagá con Plástico”, Bonding desarrolló “Re New Style”, un programa que permite devolver antiguos anteojos de la marca para reincorporar sus materiales al circuito y extender la lógica circular más allá del momento de compra.
Del anteojo al río
En esa misma línea, para fines de octubre anunciaron un “Clean Up” del Río de la Plata, iniciativa que convocará a empresas, organizaciones y ciudadanos a participar de una jornada de recuperación de residuos y concientización ambiental. Además de retirar residuos de la costa, la propuesta busca hacer visible el recorrido de esos materiales, generar conciencia sobre el impacto del consumo y sumar a diferentes actores a una problemática que requiere respuestas colectivas. La iniciativa representa una nueva etapa para Bonding: llevar la economía circular fuera de la fábrica y convertirla en una experiencia de participación.
“Nos interesa especialmente hacerlo en el río porque permite volver tangible un problema que muchas veces parece lejano. Cuando uno ve lo que queda en la costa después de una crecida o una bajante, entiende rápidamente que el residuo no desaparece cuando lo tiramos. Pero no queremos que sea solamente una jornada de limpieza. La idea es generar un espacio de participación y educación ambiental, donde diferentes empresas puedan involucrarse y donde podamos mostrar qué sucede después con parte de los materiales recuperados”, concluye Martín Centeno, CEO de Bonding Eyewear.
