
Por Dr. Miguel A. Hadid
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En sus 76 años jamás había estado así. Hasta la noche anterior todo había sido normal, pero esa madrugada José despertó inquieto, molesto, cansado, y hablándole a sus familiares fallecidos hacía mucho tiempo.
Intentó levantarse para ir al baño, pero tuvo gran dificultad para moverse. Unos minutos después, su esposa lo sorprendió dirigiéndose en dirección equivocada.
La familia trató de tranquilizarlo, pero estos intentos lo excitaban aún más. Se movía sin sentido y parecía delirar. Trataron de sujetarlo en su cama, pero sólo consiguieron que comenzara a insultar, desconociendo a quienes lo rodeaban. Esto terminó por agotarlos.
Parecía que de golpe se había vuelto loco. ¿Sería que el deterioro de los años le había llegado de golpe? ¿Era posible que, súbitamente, lo hubieran perdido para siempre? ¿Ya no lo verían haciendo las compras en el barrio, muy atento y atildado, contando con todo detalle la vida exitosa de sus hijos? Todo se había derrumbado.
Mi impresión al verlo fue grande. Su rostro preocupado revelaba claramente la ansiedad que lo embargaba. Estaba sudoroso y, evidentemente, fatigado por varias horas de miedo y lucha contra quién sabe qué fantasmas. La piel estaba fría. Aun después de tranquilizarlo sus pulsaciones no disminuyeron. Esto sugería que algo le estaba pasando a su organismo.
El examen pulmonar dio la pista: una infección que, como es común a su edad, no era evidente, había desencadenado un síndrome confusional agudo .
Algunos fármacos administrados sin control médico y ciertos estados emocionales o físicos (en este caso la infección pulmonar) pueden provocar un stress en el organismo de una persona mayor capaz de romper el equilibrio mental. Los síntomas aparecen bruscamente y no se deben a desórdenes de índole psiquiátrica. La familia muchas veces se desespera, ignorando que una rápida consulta al médico de familia puede develar el problema de fondo y encaminar la situación hacia su solución. En el caso de José, un breve tratamiento antibiótico solucionó su infección y lo devolvió a la normalidad.
La semana última lo encontré en la cola del banco del barrio. Su lucidez aún sorprende a todos los que lo consideraron perdido hace cinco años, durante su síndrome confusional. Y tiene 81.




