
Delfín Castedo sembró el terror en la frontera entre Salta y Bolivia, y acumuló miles de hectáreas para garantizar el tráfico de estupefacientes desde el norte hacia Europa; amedrentó a quienes se le opusieron y, así, hizo matar a la productora Liliana del Valle Ledesma
En La Pampa de los Guanacos, un paraje del extremo noreste de Santiago del Estero, a pocos kilómetros del límite geográfico con Chaco, los paneles traseros de un Volkswagen Fox que viajaba en convoy desde Salta escondían más de 37 kilos de cocaína; esa droga, decomisada este último fin de semana, estaba “marcada”: cada ladrillo llevaba un bajorrelieve de un cetáceo. Es la marca omnipresente que, desde hace años, remite al nombre de Delfín Reynaldo Castedo, un hombre que convirtió buena parte de la frontera caliente entre Bolivia y la Argentina en una suerte de estado dentro del estado en el que él era el regente. Un vastísimo territorio que acumuló y blindó para garantizar la logística del tráfico de drogas. Por eso se lo conoció como “El Patrón del Norte”.

