
Entre 1934 y 1963, Alcatraz alojó a los delincuentes más peligrosos de los Estados Unidos; la cárcel, encaramada en una isla rodeada de aguas heladas plagadas de tiburones blancos, era considerada inexpugnable; pero el propio clima que la hacía un lugar siniestro socavó su estructura y obligó a su cierre
Creada como una fortificación de guerra para defender la costa oeste norteamericana de un eventual ataque a mediados del siglo XIX, el devenir de los avances tecnológicos de la época militares obligó a su reconversión. Primero, como reclusorio para atender sanciones disciplinarias en las fuerzas armadas norteamericanas, y luego, para mantener encerrados a los criminales más peligrosos de los Estados Unidos en un lugar inexpugnable y de aspecto siniestro, una isla pequeña y rocosa, rodeada de aguas encrespadas y fuertemente custodiada. Aunque su vigencia como presidio no se extendió más allá de tres décadas, la cárcel de Alcatraz se convirtió en un mito. “The Rock”, la Roca, fue un infierno para quienes estuvieron presos allí, un imán para el morbo de la opinión pública, un escenario ideal para el despliegue de Hollywood, y hoy, convertido en parque nacional e hito histórico, es una monumental atracción turística, imperdible visita de cara al Golden Gate y el Oakland Bay Bridge.

