
El exdefensor de Carlos Telleldín antes del atentado contra la AMIA tiene una larga historia de relaciones poco claras con la policía; ahora está acusado de formar parte de un engranaje que tenía como fin quedarse con plata y droga de sus clientes
Tal vez porque sabe moverse como lo hacen los narcotraficantes en la clandestinidad, tal vez porque aún conserva contactos en las fuerzas de seguridad y de inteligencia, el abogado Gustavo Alberto Semorile consiguió burlar a la Justicia durante 3 años y seis meses. Exactamente 1300 días en los que, a través de la prensa y de otros colegas, pudo enterarse de los pormenores del caso en el que, básicamente, está imputado por formar parte de una asociación ilícita integrada en su mayoría por funcionarios judiciales y policías que, en vez de combatir el narcotráfico, lo “gerenciaba” en la zona norte del conurbano bonaerense “con el exclusivo fin de beneficiarse”.

