
Fue construida tras la ocupación normanda como residencia real, pero se convirtió en presidiario exclusivo de nobles e intelectuales secuestrados por la corona o que habían traicionado al rey; era presidio de lujo, pero también sitio de tortura, ejecuciones e ingeniosas fugas
En la margen norte del rio Támesis, rodeada de modernos edificios, en medio de la capital de uno de los países más poderosos del mundo, se encuentra una joya medieval que detrás de sus muros esconde una apasionante historia con infinitas anécdotas. En ella convivieron el rey y sus peores enemigos. Los presidiarios más afortunados, rehenes de la corona, obtuvieron estadías de lujo. Los traidores de la corona, en cambio, recibieron torturas inimaginables y los infieles, ejecuciones rápidas y silenciosas.

