
Esteban Lindor Alvarado, el archienemigo de Los Monos, construyó su poder con la venta múltiple de vehículos que robaba en Buenos Aires; luego heredó la ruta aérea con la que su madre contrabandeaba cigarrillos y, así, cimentó su imperio
ROSARIO. “Yo soy un banco, me entendés…”. Esteban Lindor Alvarado creía que era una fuente inagotable de dinero. Para él la plata no era un problema, como le advertía a Lobo, el empresario y piloto al que le dio 100.000 dólares para comprar en Paraguay un helicóptero Robinson R44 que había sido importado desde España y con el que el narco pretendía fugarse de la cárcel de Ezeiza, en marzo de este año. El “escape del siglo”, jamás planeado en la Argentina, no se concretó porque el piloto terminó por traicionar a su contratante, que lo esperaba al mediodía en la cancha de fútbol del penal, vestido con una camiseta de la selección de Holanda, para que la aeronave descendiera y él pudiera treparse para dejar atrás esa cárcel en la que purgaba una pena de prisión perpetua a la que había sido condenado el año pasado.

