
Los Monos, Esteban Alvarado y el narcopiloto peruano Julio Rodríguez Granthon destacan hoy por sobre decenas de clanes menores y controlan las operaciones desde la cárcel
El 26 de junio de 2013, Claudio Cantero, alias El Pájaro, fue acribillado en la puerta del boliche Infinity Night, de Villa Gobernador Gálvez. Ese crimen es, en cierta medida, el que explica casi todo lo que sucedió en la siguiente década. No el narcotráfico, que ya fermentaba en Rosario, que con sus puertos y su lugar en la Hidrovía ocupa una posición clave para el tráfico internacional de drogas, sino la violencia que aumentó exponencialmente y segó las vidas de más de 3800 personas, la mayoría, por venganzas y ajustes relacionados con las guerras entre bandas por el territorio para el delito.

