
Vlado Taneski escribía con lujo de detalles los casos de los asesinatos de mujeres mayores en su pueblo, en Macedonia del Norte, una exrepública yugoslava; esos detalles lo delataron
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Sus dedos corrían sobre el teclado, cerrando las líneas de su crónica, una más de la serie con la que, desde hacía días, mantenía atrapados a miles de lectores del Utrinski Vesnic, uno de los diarios más jóvenes de Macedonia del Norte, república escindida tras la implosión de la vieja Yugoslavia, encajonada en los Balcanes, entre Serbia, Kosovo, Albania, Bulgaria y Grecia.

