Guillermo Abel Gómez, César Luis Cotichelli, Federico José Bensadón, Rubén Bercovich, Liliana Ruiz… Estos son algunos de los primeros nombres de la lista de víctimas del coronavirus, que acaba de traspasar la frontera simbólica de los 1000 fallecidos. Y sigue creciendo. La frialdad de los números esconde la angustia de las familias, privadas de velar a sus muertos. También, los temores de una sociedad confinada, carcomida por una duda paralizante: ¿Cuál será la dimensión de la tragedia que se avecina?

El dolor por
los que se
fueron y la
incertidumbre
por los que
vendrán

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