A un mes de su arribo en La Pampa, la siria Haneen Nasser asegura que haber venido a la Argentina "fue la decisión correcta"
Instalada en la localidad de Parera junto a su amiga Belén Nazer, recibió decenas de gestos de solidaridad que la ayudaron en su adaptación
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A simple vista parecía un paquete como cualquier otro, pero escondía un gesto distintivo. Y no por su valioso contenido, sino por la intención fraterna y solidaria con la que siete jóvenes judíos porteños aunaron esfuerzos para que la fotógrafa siria Haneen Nasser, establecida hace un mes en un pueblo pampeano, pudiera desarrollarse profesionalmente en el país.
Se trata de la bella traductora de 24 años, que huyó de Latakia, la ciudad mediterránea frente a Chipre, un bastión “blindado” por albergar bases navales y aéreas rusas, aliadas del presidente Bashar Al-Assad, y se refugió en la localidad de Parera junto a su amiga, la docente Belén Nazer, que actuó como llamante.
La entrega de aquel paquete, discreta, sin medios presentes, fue 15 días atrás en la Liga Árabe-Siria de Santa Rosa. Marcela Morquin, representante de la colectividad judía en La Pampa, había viajado a Buenos Aires y se juntó con los siete jóvenes en cuestión para llevar ella misma el envío: una cámara fotográfica similar a la que usaba Haneen y de la cual debió desprenderse para poder solventar sus viajes al Líbano y así completar los trámites de su visado humanitario.
Junto con la Canon Sx530 había una bendición para su nuevo hogar en hebreo (un birkat habait) y una carta manuscrita firmada por Alejandro, Cora, Gabriel, Hugo, Marcos, Nurit y Uriel. El grupo se presentaba como nietos y tataranietos de expatriados cuyos antepasados habían “buscado refugio en este país generoso”.
“Nuestro deseo —escribieron en inglés— es que sientas a la Argentina como tu hogar, una tierra donde todas las religiones viven juntas en paz y armonía.”
Haneen, que es alauita, profesa el islám y rechaza la Sharia (la ley Islámica), ensayó una exhalación profunda y agradeció conmovida. Desde su arribo, era la segunda cámara que recibía. La primera se la había obsequiado otra porteña, Dolores Uriburu, quien manejó 600 km hasta Parera para conocerla en persona. Ése y otros gestos de ayuda le habían revelado la solidaridad de los argentinos, una comunidad efusiva como la siria que “también toma mate con bombilla y se saluda con besos en las mejillas”, según contó Haneen a LA NACION.
La joven fotógrafa llegó al país decidida a forjarse un futuro. En Latakia, que desde el estallido de la guerra sufrió sólo un atentado, “vivía como una presidiaria”: debía pedir permiso para tomar fotos y cuando se lo negaban, fotografiaba objetos en su habitación, si es que había luz.
“Venir a la Argentina fue la decisión correcta —afirma Haneen a LA NACION—. Lo más difícil de mi adaptación, al margen de extrañar a mis afectos con los que hablo tres veces por semana, es el idioma y el clima: pasé de vivir en un lugar cálido y húmedo al frío seco de Parera.”
El golpe en el cuerpo
El clima, y seguramente el estrés por el desarraigo, según diagnosticaron los médicos, les pasaron factura a su cuerpo: hace una semana está sin voz y engripada, y una fuerte reacción alérgica le afectó el rostro. Por eso, hace días que está en cama y ella aprovecha esa pausa impuesta para leer, ver películas y cocinar los platos sirios-libaneses (Kefta, Kosa mehshi, Shish borak) con los que agasaja a Belén. Entre mates y conversación, esas sobremesas por las noches pueden extenderse horas, según revela.
Haneen se hizo buenos amigos. A través de la Asociación Árabe de Santa Rosa conoció a Besim, que habla buen inglés, y con él descubrió un abanico de afinidades. En Parera toma clases de español con otra amiga, Romina, y ella la retribuye con clases de inglés.
Entre los numerosos gestos de solidaridad que recibió de muchas partes del país, solo faltó una oferta de trabajo. Unirse al electo de Bailando por un sueño no era una opción para ella y por eso rechazó la oferta. Mientras tanto, aprovecha la calma de Parera “para vivir una suerte de estado de relajación” aunque el cuerpo, claramente, lo traduzca de otro modo.
“Sigo la situación en Siria y todo ha empeorado en Aleppo”, dice. Por eso festeja la decisión del macrismo de recibir 3000 refugiados sirios.
El director de cine Gustavo Taretto, autor del film Medianeras, que a ella la cautivó, la contactó por mail y quedaron en verse cuando visite Buenos Aires. “Yo les contaba a mis amigas en Siria que también habían visto el film y no podían creer el gesto”. Para esa incursión citadina, todavía no hay dinero suficiente, pero Haneen sabe que su adaptación es paso a paso y no desespera.
Salvo por esta semana, en la que permanece en cama, sus jornadas tienen mucho de vida hogareña. Todavía no pudo hacer fotos, pero sí explorar la naturaleza y perderse en la inmensidad de la llanura pampeana.
Parera es un pueblo agrícola-ganadero de 2000 habitantes, que de alguna manera se vio revolucionado por su llegada. “La mayoría quiso conocerla. Ella sale a la calle y la gente la intercepta, quiere conocer más íntimamente su historia y sacarse selfies con ella, lo cual, a veces, se vuelve un poco incómodo”, contó su amiga Belén.
La popularidad de Haneen resulta diamentralmente opuesta al anonimato de los 900 refugiados sirios que desde 2014 hasta hoy ingresaron al país. Fue a través del plan Siria, suscripto durante el kirchnerismo.
“Hoy esos 900 sirios se reparten entre Buenos Aires y las provincias del norte argentino, que aglutinan a las comunidades sirio-libanesas”, explicó a LA NACION Adalberto Assad, presidente de la Asociación Árabe Argentina Islámica, y una de las personas clave en la llegada de Haneen. Él encausó su trámite en la embajada Argentina en El Líbano.
Pareja de recién casados
Entre esos 900 refugiados, el caso más reciente corresponde a Majd y Madlen Abu Hambra, una pareja de recién casados, ambos de 24 años, que escaparon de los bombardeos en Sweida, en el sur de Siria y se instalaron en San Fernando gracias al empresario Mariano Winograd, que actuó como llamante.
Mientras el gobierno nacional acuerda con la Unión Europea y los Estados Unidos un plan integral de financiación, contención y logística para acoger 3000 refugiados, se prevé que el Plan Siria posibilitará el desembarco, antes de fin de año, de otros 300 sirios, tal como informó LA NACION.
Mientras se avanza con las definiciones, en las redes sociales ya hay grupos movilizados que se ofrecen a dictar cursos de español y a oficiar como llamantes. Aunque esas ofertas, especialmente impulsadas por instituciones católicas, evangélicas, judías e islámicas, parecieran no estar todavía del todo encauzadas.
“Lo que más extraño de mi hogar en Latakia es el azul del mar, a mi amiga Basma, el café donde trabajaba como barista y, por supuesto, a mi familia”, dice Haneen y vuelve a su notebook para continuar con sus series: Breaking Bad, House of Cards y Mad Men.
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