Aquarium Mar del Plata: quiebra, denuncias, 60 animales a la deriva y una decisión para saldar deudas
El complejo cerró el 31 de marzo de 2025; tras la venta y traslado de varios de sus animales, ahora cuatro de las decenas de pingüinos que todavía permanecen allí fueron puestos a la venta
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MAR DEL PLATA.- En medio del proceso de quiebra de lo que fue hasta hace un año y medio el Aquarium Mar del Plata, todavía hay más de medio centenar de animales a la espera de un destino. Vendidos los delfines que eran estrellas centrales de los espectáculos que allí se brindaban, reubicados hace muy poco los últimos cuatro lobos marinos en otro oceanario de la provincia, el remanente son pingüinos de distintas especies. Cuatro de ellos fueron puestos a la venta en caso de que llegue alguna oferta desde el exterior del país: según pudo saber LA NACION por fuentes judiciales, se los valuó en US$40.000.
En esa población de aves que permanece a metros del faro, cuidada y alimentada por los últimos empleados que quedaron luego de un proceso de despidos y retiros voluntarios, la mayoría son de la variedad magallánica, dos ejemplares de la denominada “rey” y un pequeño lote de la especie saltarín.

El complejo cerró el 31 de marzo de 2025. Así lo resolvieron desde Plunimar S.A., la empresa que a nivel local respondía a Dolphin Discovery, la firma que regentea varios de los parques acuáticos más importantes de América y Europa.
En aquel momento se argumentó que el negocio no pasaba por su mejor etapa y se sumó que los propietarios del lugar ya no volverían a renovar el alquiler ya que tendrían entre sus proyectos algún otro tipo de desarrollo para ese amplio predio, con salida directa al mar. Trascendió que podría ser una inversión inmobiliaria de gran envergadura.
El caso derivó en un procedimiento de quiebra que se tramita en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N°20 de Capital Federal, a cargo de Eduardo Malde. En ese ámbito se dispuso la quiebra de Plunimar S.A. y se designó a una síndica que se encargó de llevar adelante todo el proceso que quedó por delante, con obligaciones, deudas, cumplimiento de pago a los empleados que se fueron y a los que siguen. Y, muy particular para el caso, no solo el destino de las instalaciones que quedaron, sino también el de su fauna cautiva.

Los diez delfines se vendieron a Egipto. Fueron trasladados en camión a Buenos Aires y desde allí en avión, acondicionados para ser destinados a parques acuáticos de ese país, puntualmente en la ciudad de Hurghada, junto al Mar Rojo. Junto a ellos viajaron varios de sus cuidadores y entrenadores, como parte de una instancia de adaptación para su futuro desempeño como nueva atracción en ese renovado destino.
Muchas aves y peces que componían el acuario también fueron reubicados. No trascendieron detalles de estos traslados, pero, según pudo saber LA NACION, en la mayoría de los casos no hubo operaciones económicas de por medio, como sí las había habido en el caso de los delfines.
El último traslado se dio hace pocos meses y correspondió a cuatro lobos marinos. Ciro, Joaco, Naza y Mía fueron derivados a Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú. Allí fueron recibidos e incorporados al conjunto de animales que forman parte de esa propuesta.

Hasta abril pasado, última vez en la que LA NACION pudo tomar contacto directo con empleados y autoridades del ex Aquarium Mar del Plata, estos habían aclarado que los animales que permanecían en el predio tienen la particularidad de haber nacido en cautiverio y, en consecuencia, no están en condiciones de ser liberados a su hábitat natural. Hacerlo, advertían, sería condenarlos a muerte porque no están preparados para la supervivencia.
Distinto ha sido el proceso que se ha dado con otros animales, por ejemplo, los que pasaron por el centro de rehabilitación que allí funcionó. Estos eran rescatados, atendidos, recuperados y liberados una vez que se los consideraba aptos. El caso más emblemático fue el del tortugo Jorge, traído desde Mendoza y liberado el año pasado, frente a estas costas. Se le instaló un equipo de monitoreo satelital y se le pudo seguir su derrotero hasta las playas del norte de Brasil.
Quienes han quedado a cargo de la operatoria diaria de las instalaciones de Aquarium Mar del Plata no han aceptado hablar con LA NACION. La síndico de esta quiebra, Andrea Hoof, respondió que no hablará del tema con los medios.
Según pudo saber este medio, la funcionaria designada para avanzar con la instancia final de este proceso judicial visitó oportunamente lo que queda del parque, se llevó un detallado inventario del material existente y habló de la posibilidad de venderlo para saldar cuentas pendientes.
La salida del personal se hizo por etapas y en algunos casos en los que se había pautado un pago programado se habían registrado algunos atrasos. En cuanto a los poco más de 60 animales que quedaban, cuando estaban todavía incluidos esos últimos cuatro lobos marinos, LA NACION pudo confirmar que se disponía de la partida económica necesaria para la caja chica con la que se adquiría el pescado y otros elementos imprescindibles para garantizar su cuidado y alimentación.
El personal que sigue trabajando está vinculado históricamente con la atención a estas especies. La “pingüinera”, como se le llama al espacio que se compone de una amplia superficie de piedra, las cuevas para resguardo y reproducción y un generoso estanque, a metros de la playa, tiene la presencia cotidiana de estos empleados que llevan pescado fresco y revisan que las aves estén en buen estado. Como ocurría con otras especies, tienen un afecto especial hacia ellos por el largo tiempo compartido.
En este tiempo transcurrido desde el cierre del predio hasta la búsqueda de nuevo destino para los animales se conocieron varias denuncias relacionadas con las condiciones en que se encontraban esas instalaciones y su posible impacto negativo. Las distintas intervenciones que se conocieron, con inspecciones de Policía Ambiental, siempre ratificaron que no se encontraron ejemplares con indicios de enfermedades, desnutrición u otra afección.
Entidades ambientalistas han apuntado contra los responsables del lugar y reclamado con insistencia que se libere a los animales retenidos, así como también se han opuesto a cualquier alternativa que apunte a su venta.
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