
“Dijeron que era psicológico”: investigan a tres guardias porteñas por la muerte de una chica que acudió con dolor de pecho
La adolescente falleció el jueves pasado en el Hospital Rivadavia; durante los cuatro días previos había transitado también por el Hospital Fernández y el Sanatorio Güemes
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Durante cuatro días, Valentina Zurita, de 18 años, sufrió intensos dolores en el pecho por los que consultó en tres centros de salud en la ciudad. Según relataron sus padres, los médicos que la atendieron atribuyeron los síntomas a problemas de ansiedad y le indicaron consultar a un psiquiatra. El jueves 15 de octubre pasado, la joven falleció en el Hospital Rivadavia. A los padres les informaron que tenía un cuadro de cetoacidosis diabética, una complicación grave de la diabetes, enfermedad que desconocían que tenía.
Su familia, ahora, denuncia negligencia médica y apunta contra el Hospital Fernández y el Sanatorio Güemes: considera que no la habrían diagnosticado correctamente. Y convocan a una marcha para este jueves 22 de octubre, en reclamo de justicia. La concentración será frente al McDonald’s del Barrio 31, donde vivía la joven con su familia. De ahí se dirigirán al Fernández, con la intención de llegar a las 10 a la puerta del hospital.
La denuncia en sede policial quedó caratulada “averiguación causal de muerte” y, según señaló a LA NACION el abogado que representa a los padres, Roberto Herrera, pedirán que se exhume el cuerpo para realizar una nueva autopsia.

Según narró José Luis Zurita, padre de Valentina, en diálogo con este medio, los dolores de su hija comenzaron el lunes 12 de octubre, alrededor de las 17. “Ella no era de ir al médico, entonces me sonó raro. Ya cuando ella me marcó, sabía que algo pasaba”, relató. Ese día la llevaron por primera vez a la guardia del Fernández. Ahí, de acuerdo con el relato paterno, fue atendida por dos médicas: le indicaron que se trataba de un problema de ansiedad y depresión. “Me dijeron que no se podía hacer nada, que no tenía ningún tipo de enfermedad, sino algo psicológico”, dijo.
Al día siguiente, el dolor no cedía. Decidieron llevarla al Hospital Rivadavia, pero Zurita describió que la guardia “estaba colapsada” y había cerca de ocho horas de demora. Por eso, decidió trasladarla al Sanatorio Güemes, donde abonaron una consulta de manera particular.
Ahí, según contó el padre, un médico les planteó la posibilidad de realizar una tomografía computarizada. “Después de la consulta de mi hija, entré a preguntarle al médico si era realmente necesario el estudio, que costaba $350.000, y le pregunté cómo seguía el tratamiento, para saber si tenía que ir a buscar más plata. Me dijo que mi hija no tenía nada, que le pedían ese estudio para tranquilizarla”, agregó el padre. “Tu hija tiene ataques de ansiedad”, recordó que le repitió el médico. Recetaron clonazepam.
Durante la madrugada del miércoles, entre las 3 y las 4, la joven volvió a descompensarse. “Me quieren hacer pasar por loca y a mí me duele”, le dijo a su familia, según repasó su padre. Fue en ese momento, siempre de acuerdo con el relato familiar, que llamaron a la policía. Los uniformados solicitaron una ambulancia. Un médico la evaluó por videollamada: evaluó que el dolor era muscular y descartó que estuviera teniendo un infarto.
Sin alivio
Durante el día, Valentina continuaba con el mismo dolor. De nuevo, se dirigieron al Hospital Rivadavia, pero, ante la demora para la atención, se dirigieron una vez más al Fernández. El padre refirió que, en la guardia, dos médicos volvieron a decirles que se trataba de un ataque de ansiedad. “Mi hija empezó a rasguñarse los brazos del dolor”, recordó el hombre. Entonces, los profesionales llamaron a una psiquiatra.
El padre señaló que, tras esa consulta, su hija salió muy sedada. Agregó que también les mencionaron que podía tratarse de una gastroenteritis, que la presión era normal, que habían auscultado sus pulmones y que le habían realizado un electrocardiograma. Zurita no presenció ese control porque le pidieron que saliera del consultorio. De nuevo, a Valentina le recetaron clonazepam, un protector gástrico e ibuprofeno para el dolor, además de indicarle por escrito una interconsulta con el área de salud mental.

Para entonces, según continuó su padre, la joven llevaba desde el lunes sin comer y había comenzado a vomitar. No toleraba ni siguiera el agua que bebía. Esa noche siguió descompuesta.
El jueves, alrededor de las 7, Valentina se despertó y parecía sentirse mejor. Pero, poco después, volvió a sentir un dolor intenso en el pecho. “Se le pusieron los pies verdes, la piel blanca, los labios morados; empezó como a convulsionar”, dijo el padre.
La familia llamó a una ambulancia y la joven fue trasladada al Rivadavia. Ahí, según recordó Zurita, los médicos le informaron que tenía diabetes tipo 1. Poco después, sufrió un paro cardiorrespiratorio. Lograron reanimarla, pero le comunicaron a la familia que su estado era grave. José relató que, cuando se disponía a ingresar con su esposa para verla, los médicos les pidieron que esperaran porque la joven había sufrido un segundo paro cardíaco. Luego, hubo un tercero y, finalmente, el corazón se detuvo por completo por cuarta vez.
Descompensación
Valentina falleció el jueves pasado, alrededor de las 14. La información que recibió la familia fue que lo que provocó su descompensación fue una “cetoacidosis diabética”, repitió el padre.
Se trata de una complicación aguda y grave de la diabetes. “Ocurre cuando el organismo no tiene suficiente insulina para utilizar adecuadamente la glucosa como fuente de energía. Entonces, comienza a utilizar grasas [en el organismo] y produce sustancias llamadas cuerpos cetónicos que, cuando se acumulan en exceso, vuelven ácida la sangre”, explicó a este medio Gabriel Lijteroff, jefe del Área de Diabetología del Hospital Municipal Santamarina, en Monte Grande, y director del comité científico de la Federación Argentina de Diabetes.
Ante la consulta de LA NACION, el profesional explicó que puede ocurrir en las personas con diabetes tipo 1 (antes, insulinodependientes), “inclusive cuando la enfermedad aún no ha sido diagnosticada y debutan con esta complicación”. Es menos frecuente con la diabetes tipo 2 (en tratamiento con fármacos orales o insulina). “Ocurre, en especial, durante infecciones, enfermedades agudas o situaciones de falta de insulina en la mayoría de los casos”, indicó Lijteroff, que también dirige el Grupo de Trabajo Diabetes y Desastres, de la Federación Internacional de Diabetes Región América del Sur y Central (SACA, por sus siglas en inglés).
Entre los síntomas de alarma que mencionó están la sed intensa y la necesidad frecuente de orinar, las náuseas y los vómitos, el dolor abdominal, la debilidad generalizada y el cansancio intenso, el aliento con olor frutal, la respiración que se vuelve rápida y profunda, la somnolencia, la confusión o la alteración del estado de conciencia.
“Puede aparecer en chicos, adolescentes o adultos jóvenes como presentación inicial del diagnóstico de diabetes, al debutar con esta complicación, o en personas a las que ya se les diagnosticó diabetes y abandonan el tratamiento o atraviesan alguna situación, como otras enfermedades, en la que se produce un déficit de insulina en el organismo –continuó Lijteroff– Por lo tanto, cualquier persona con vómitos persistentes, dificultad respiratoria, confusión o un deterioro importante del estado general tiene que acudir inmediatamente a una guardia.”
Investigación
En los tres centros de salud que atendieron a la joven, desde anteayer se revisan los pasos que siguieron los profesionales que intervinieron, de acuerdo con las respuestas que recibió LA NACION. En el Sanatorio Güemes, se amparan en el secreto profesional.
En la Ciudad, la Dirección de Legal y Técnica del Ministerio de Salud concentra la información de los dos hospitales de gestión porteña donde fue atendida Valentina ante la denuncia penal que presentó la familia. El Hospital Rivadavia, donde se produjo el deceso, aún adeudaba ayer el informe sobre los procedimientos realizados.
“La paciente fue atendida en dos oportunidades en el Hospital Fernández antes de su fallecimiento, los días 12 de octubre y 14 de octubre. Además, se registran atenciones en sanatorios privados y consultas en el Hospital Rivadavia. En su segunda asistencia al Fernández, se le realizó un electrocardiograma con resultados normales y estuvo acompañada por profesionales durante una hora antes de ser dada de alta”, indicó la respuesta oficial de ese centro ante la consulta.
En tanto, la familia confirmó a este medio que se reunirá hoy a las 11 con Carlos Damin, director del Fernández.
Al momento, una reconstrucción en curso y el intercambio de información entre los tres centros coinciden con el relato familiar en el hecho de que Valentina expresó en la guardia del Fernández que tenía dolor de pecho; en la referencia a un “cuadro de ansiedad” de parte de los profesionales intervinientes, y en que el día que concurrió al Rivadavia efectivamente había espera por alta demanda en la guardia.
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