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WASHINGTON.- En cuestiones de salud, Randolph Pherson ya estaba acostumbrado a vivir en la incertidumbre. Cuando todavía era agente de la CIA, se había paseado por el consultorio de una docena de médicos hasta terminar en una guardia de hospital donde le diagnosticaron una cardiopatía tan severa que lo ingresaron al quirófano para un cuádruple bypass casi sin preguntarle.




