
A lo largo de su corta e intensa vida, el expresidente de Estados Unidos, que fue asesinado a los 56 años, soportó serios problemas de salud
El 14 de abril de 1865, casi a las diez y media de la noche, un disparo en la nuca hirió de muerte a Abraham Lincoln, por entonces el decimosexto presidente de los EE.UU. Lincoln murió finalmente en las primeras horas de la mañana el día siguiente. Había sido elegido presidente por primera vez en noviembre de 1860, muy poco antes del inicio de la Guerra Civil, que terminó en forma casi simultánea con su vida: el 9 de abril, apenas 5 días antes del balazo mortal, los Estados del sur habían entregado las armas y se daba así por finalizada la llamada “Guerra de Secesión”, con el triunfo del norte, industrial y “moderno” contra el sur, esclavista y tradicionalista.

