
Pese a que los asistentes suele ser de China y Taiwán, cada vez son más los locales que se interesan por esta religión minoritaria en el país
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“A los nueve meses de nacer, mi hijo se enfermó. Los médicos decían que no se podía curar. Empezamos a acercarnos cada vez más a Buda y se salvó. Hoy tiene 23 años y está sano y salvo”. Así relató Pablo Chen, supervisor del Templo Budista Fo Guang Shan Argentina, su acercamiento al budismo.
Por Enzo Iriarte
