
Marechal, polémico y talentoso
El poeta y novelista alcanzó su cumbre literaria con "Adán Buenosayres", editada en 1948
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Hace hoy cien años que nació Leopoldo Marechal, figura como muy pocas emblemática de las letras argentinas, y de las porteñas, en especial.
Vivió, según la prescripción de Dante, 70 años, casi cabalísticamente colocados entre el nacimiento de la centuria y el año -1970- en que más de cerca nos tocó a los argentinos de esta época sentir el cálido aliento de la historia. Por supuesto, y como cuadra a los hombres valiosos, las definiciones apenas si le calzan, pero aunque es arduo decir quién fue Marechal, paradójicamente, resulta por demás comprensible el sentido del adjetivo "marechaliano", aplicable a la sustancia inasible de barrios, de calles, de perfiles que la ciudad difuma.
Marechaliano es ante todo "Adán Buenosayres", causa inmediata del inmenso predicamento de su autor, de su fama con atisbos de consagración multitudinaria y aun de su regreso de ultratumba, cierta vez que el mundo se había conjurado para mantenerlo lejos.
Esa inmersión en el espíritu colectivo de la ciudad, esa inquisición que hermana la sátira y la piedad, es, sin duda, uno de los mayores monumentos erigidos en homenaje a la trascendencia y la plenitud de Buenos Aires.
Era obra de un hombre repleto de talento y de cautelas, ahíto de ánimo polémico y de antipática ironía, verboso e infinitamente literario. Maestro de grado y poeta a la moda, allá por los años 20 predicaba a ultraístas y martinfierristas el dogma de la "nueva sensibilidad".
A la vuelta de la ritual peregrinación a París, exorcizó aquella poesía y comenzó a elaborar otra, conceptual y deslumbrante, que está entre lo más importante jamás producido por la creación lírica en estas tierras: "Odas para el hombre y la mujer", "Laberinto de amor", "Cinco poemas australes", "El centauro", "Sonetos a So-phia" y "El viaje de la primavera".
En 1937, un ensayo ejemplar, "Descenso y ascenso del alma por la belleza", expuso una concepción del mundo puesta bajo el doble amparo del clasicismo antiguo y de la fe religiosa: Sófocles y Santo Tomás de Aquino, tomados de la mano, anticipaban ya a "Antígona Vélez".
Marechal fue un católico esencial, pese a que por resabios intelectuales a veces entrase en pugna con la estricta obediencia. Esa adscripción constituye su rasgo decisivo y explica el singular destino que le cupo a propósito de sucesivos ocasos y esplendores.
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Animador asiduo de la vida literaria, conoció su bohemia, sus revistas y cofradías y fue plenamente admitido en sus cenáculos. Pero se debía a las derechas y en 1930 adhirió sin reparos al uriburismo; años más tarde, la guerra de España terminó de sellar la escisión: de un lado quedaron la intelectualidad orgánica, los suplementos de los diarios, la revista Sur... Del otro, los réprobos, hijos pródigos que en algunos casos volvieron; pero no Marechal.
Se le hizo el vacío; el rechazo suele ser achacado a su opción peronista. Es probable, pero también puede que ella no haya sido sino efecto de su previo aislamiento, lo que es verosímil si se tiene en cuenta que no era específicamente nacionalista.
Director de Enseñanza Artística, exonerado en 1955, no fue, en términos estrictos, un militante peronista, sino un burócrata con marcadas afinidades. Empero, tras la debacle mantuvo una noble y absoluta solidaridad con el bando caído.
Estaba, a la sazón, extrañado del mundo literario. En 1948, "Adán Buenosayres" pasó con más pena que gloria. A partir de 1951, la memorable "Antígona Vélez" inició un ciclo de teatro simbólico y poético que mereció el galardón de estrenos rimbombantes, gentileza del gobierno a un amigo que sus denostadores vieron como gaje de paniaguado.
Hacia 1965 lo conocían sólo cierta áspera élite de la poesía y eruditos hurgueteadores. Ese año, una casi rutinaria reedición del "Adán..." fue el disparador de un extraordinario éxito, uno de de los más notables de que haya memoria entre nosotros.
De un día para otro, ese hombre mordaz y reticente pasó a ser un personaje de entrevistas y reportajes, un oráculo de la cultura y del destino nacional cuyas frases se citaban con unción reverencial ("de todo laberinto se sale por arriba", "la patria es un dolor clavado en el costado"). Sabio, Marechal callaba y asentía; en la bonanza siguió siendo igual a lo que era, adherido a símbolos e imágenes y resguardado por una mansa altivez.
Trayectoria
- Con el siglo: hijo de Alberto Marechal y Lorenza Beloqui, Leopoldo Marechal nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1900.
- Formación: estudió en la Escuela Normal Mariano Acosta. Fue empleado en una biblioteca popular y maestro.
- Publicaciones: trabajó en el diario El Mundo y en 1929 fundó la revista Libra, con Francisco Luis Bernárdez. Recibió el Premio Municipal de Poesía por sus "Odas para el hombre y la mujer".
- Exito: en 1948 publicó su novela "Adán Buenosayres", con la que alcanzó gran repercusión en 1965, a partir de su reedición.
- Partida: murió el 26 de junio de 1970.





