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Marcela Torino vive en Belgrano y tiene 71 años. Toda la vida se acostó tarde, pero, en los últimos años, tras retirarse de su trabajo, sus vigilias se volvieron aún más extensas. En lugar de quedarse despierta escuchando la radio, ahora permanece horas scrolleando en su feed de Instagram. Sus hijos temen que su nuevo hábito —cada vez más común entre los adultos mayores— se vuelva adictivo y termine por pasarle factura. “Mi miedo es que después esté más cansada y le cueste concentrarse en sus actividades cotidianas”, cuenta el menor de ellos a LA NACION.



