
Desde los años 80, en el Teatro Maipo adjudican al fallecido maquinista Luis Efraín Cáceres ciertos movimientos extraños que suceden dentro de la emblemática sala
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Ascensores que suben y bajan solos, el sonido de pasos sobre las tablas del escenario, voces que murmuran, sombras fugaces, puertas que se cierran, cosas que cambian de lugar y hasta luces que toman vida propia son algunas de las manifestaciones que ya son parte de la rutina de una de las casas teatrales más antiguas de la ciudad de Buenos Aires.
Por Silvina Vitale
