
Se dice que, desde chico, David Alleno tuvo el deseo de construir una tumba donde se desempeñó entre 1881 y 1910; gracias a un golpe de suerte pudo cumplir con su deseo
Cuenta la leyenda urbana que algunos sucesos extraños rodearon durante mucho tiempo la bóveda de David Alleno, que trabajó entre 1881 y 1910 como cuidador del por entonces llamado Cementerio del Norte (hoy conocido como De la Recoleta). Misteriosamente, tiempo después de su muerte, las tumbas que tenía a cargo aparecían limpias y prolijas sin tener ningún encargado para hacerlo. Algunos antiguos colegas afirmaban que hacia finales de agosto, para el aniversario de su fallecimiento, se escuchaban extraños ruidos de herramientas cerca de su bóveda, supuestamente, porque Alleno no había quedado conforme con la forma en que había sido montada. Decían que su espíritu continuaría reformándola eternamente.
