
Movilización e incidentes en Madariaga por la inseguridad
La gente se indignó por el asalto y asesinato de un joven; relevan al comisario Los vecinos intentaron tomar la comisaría y rompieron los vidrios Anoche hicieron lo mismo en la casa del intendente y exigieron la presencia del gobernador Felipe Solá
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GENERAL MADARIAGA.- "Se veía venir." "Hace rato que sabíamos que esto podía a pasar." "Las autoridades siempre miraron para el otro lado." "Esperemos que sea el primero y el último."
Frases como éstas se repitieron ayer frente a la comisaría que quedó sin puertas de vidrio, destruidas por un pueblo indignado que ayer ganó las calles. Y que, lejos de tranquilizarse, al cierre de esta edición los vecinos apedreaban la casa del intendente, Adrián Mircovich.
El estallido de indignación de esta gente, que hace rato le perdió el rastro a la tranquilidad, sobrevino tras la muerte de Andrés Caraccioli, un joven de 24 años que fue asesinado a quemarropa, y ante los ojos de su hermano, por tres delincuentes encapuchados que intentaron asaltarlos y huyeron sin sacarles un centavo.
Comienza la pueblada
Hartas de padecer el delito y la impunidad, unas 2000 personas se concentraron ayer al mediodía frente a las puertas del palacio comunal y luego en la comisaría, donde a fuerza de gritos, empujones y algunos piedrazos lograron algo de lo que reclamaban: la remoción del responsable de la unidad, comisario Leandro Castrillón, y de los 33 efectivos que prestaban servicios allí.
En una segunda concentración organizada durante la tarde, un grupo minoritario quiso ocupar la repartición -para ese entonces custodiada por personal de infantería- y, en medio del frustrado intento, agredió a golpes al reportero gráfico de LA NACION. Por la noche esa misma gente atacó y rompió vidrios de la casa particular del intendente municipal, Adrián Mircovich.
Los manifestantes exigían, además del esclarecimiento del crimen de Caraccioli, la renuncia de Mircovich y la presencia del gobernador Felipe Solá y de su ministro de Seguridad, Juan Pablo Cafiero, para que "se comprometan personalmente a devolver la tranquilidad a este pueblo".
El jefe comunal dijo a LA NACION que si él es obstáculo para encontrar una solución "no tengo problemas en dar un paso al costado". En tanto, el comisario inspector Rubén Palazzini, interventor en la comisaría de General Madariaga, prometió a los vecinos que la investigación del homicidio "está en marcha y avanzando", y les pidió que de aquí en más "confíen en las nuevas autoridades" que tendrá la dependencia "en no más de 48 horas".
A sangre fría
Hijo de un conocido comerciante de esta localidad dedicado a los productos de granja, Andrés Caraccioli se ganaba la vida como distribuidor de bebidas gaseosas.
El sábado último, minutos antes de la medianoche, estaba con su hermano Eduardo en un galpón de la casa que habita la familia a metros de donde se juntan las calles 4 y 5, en el barrio San Martín.
Allí los sorprendieron tres individuos con el rostro cubierto, todos armados, que les exigieron dinero. "Queremos toda la guita", dijeron. La víctima no se resistió: "La billetera está en el camión", les respondió, señalando su camión estacionado en la entrada de la casa.
Pero los asaltantes reaccionaron mal: a Andrés le dispararon a quemarropa y a su hermano lo golpearon con un palo antes de fugar sin llevarse nada de lo que habían ido a buscar. El proyectil, correspondiente a un arma calibre 45, hirió al joven a la altura del cuello y el plomo apareció entre sus ropas. Murió ayer en el Hospital Interzonal General de Agudos de Mar del Plata.
La muerte de Caraccioli colmó la paciencia de la gente. Hurtos, asaltos a mano armada y robos de ganado se tornaron casi una costumbre desde hace un año. Y señalan no sólo inacción sino que dejan implícita cierta complicidad policial en la comisión de estos hechos.
Para los pobladores el jefe de gobierno "es tan culpable como los policías" de la actual situación. Por eso ayer le pidieron a gritos su renuncia, la que el funcionario no descartó "si es que contribuye a devolver la paz social".
Para esto parece que hace falta mucho tiempo: ayer, mientras la multitud se agolpaba contra la comisaría y los policías se guarnecían en el edificio de la calle Hipólito Yrigoyen, a dos automóviles estacionados frente a la dependencia les robaron el estéreo. Y, casi al mismo tiempo, en un campo de la zona se robaron seis cabezas de ganado. La fiesta delictiva parece no tener fin.
No hay más tranquilidad
GENERAL MADARIAGA (De un enviado especial).- Dejar el auto en marcha en medio de un trámite, la bicicleta tirada en el piso y sin candado y, más aún, dormir con la puerta de casa sin llave son desde hace tiempo hábitos perdidos en esta comunidad.
Por el contrario, están asumiendo otros inimaginables: "Si vas a las cuevas de los delincuentes -admitieron varios vecinos- recuperás lo robado por 10 o 20 pesos."
Con casi 20.000 habitantes, buena parte de ellos ligados a la actividad rural, esta localidad se convirtió en uno de los objetivos de delincuentes que actúan y se mueven a gusto y con cierta impunidad.
Primero fueron hechos menores. Los descuidistas entraron en acción cada vez con más frecuencia. Y se fueron animando a más. Hasta que armas en mano empezaron a instaurar un clima de miedo.
Un policía herido en un brazo tras un enfrentamiento armado con delincuentes y el propietario de una estación de servicio que hoy puede contar la historia tras ser baleado durante un asalto, marcaban que el cuadro de situación se agravaba.
"La situación está cada vez peor y lo de este chico Caraccioli rebasó el vaso", dijo a LA NACION Miguel Cané, presidente de la Asociación Rural de General Madariaga. El sector al que representa es uno de los más castigados por el delito: "Aquí el robo de ganado está desde hace tiempo en niveles altísimos", aseguró. Pero los delincuentes siguen sueltos.
Por caso, aseguran que uno de los principales sospechosos de la muerte de Caraccioli "anoche (por anteanoche) estaba cargando bolsos en un auto como para irse". Y que, en medio de la horda que atacó la comisaría, habían "10 o 15 de los malandrines que todos conocemos".
"Ojo con lo bolsillos", advirtieron ayer algunos vecinos al enviado de LA NACION. Como dice una postal que muestra los mejores caballos del distrito y se ofrece a los turistas, por Madariaga "se entreveran los mansos y redomones".





