No es qué se bebe, sino la temperatura: el factor que triplica el riesgo de un tipo de cáncer de esófago
Un estudio realizado con casi un millón de personas encontró una fuerte asociación entre las bebidas consumidas a temperaturas muy elevadas
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Durante años, buena parte de la discusión científica sobre el cáncer de esófago giró en torno a una pregunta: ¿el problema es la bebida o la temperatura a la que se consume? Un nuevo estudio publicado en el International Journal of Cancer aporta evidencia contundente en favor de la segunda explicación y vuelve a poner el foco en un hábito cotidiano: tomar infusiones demasiado calientes.
Es estudio fue realizada por Keren Papier, Kezia Gaitskell, Sarah Floud y Gillian K. Reeves, investigadores de la Cancer Epidemiology Unit de la University of Oxford. El trabajo analizó información de 977.282 adultos del Reino Unido provenientes de dos grandes cohortes [grupos] poblacionales y siguió a los participantes durante más de una década.
En total, durante el período de seguimiento se registraron 2348 casos de cáncer de esófago. De ellos, 1045 correspondieron a carcinoma escamoso y 1303 a adenocarcinoma, las dos formas más comunes de esta enfermedad.
El principal hallazgo fue que las personas que declaraban consumir bebidas a una temperatura “muy caliente” presentaban un riesgo 3,17 veces mayor de desarrollar carcinoma escamoso de esófago que aquellas que afirmaban tomar sus bebidas tibias. “El consumo de bebidas a una temperatura muy caliente, en comparación con una temperatura tibia, se asoció con un riesgo tres veces mayor de carcinoma escamoso de esófago”, señalaron los autores.
En cambio, no encontraron una asociación similar con el adenocarcinoma, lo que sugiere que el efecto de las altas temperaturas no impacta de la misma manera sobre todos los tumores del esófago.
El estudio también evaluó la frecuencia de consumo. Incluso después de ajustar los resultados por la temperatura de las bebidas, quienes consumían seis o más bebidas calientes por día mostraban un riesgo significativamente mayor de carcinoma escamoso. “El consumo diario de seis o más bebidas calientes se asoció con un aumento del 71% en el riesgo de carcinoma escamoso de esófago”, indicaron los investigadores.
La relevancia del trabajo radica también en el tamaño de la muestra y en el contexto geográfico. Hasta ahora, gran parte de la evidencia sobre bebidas muy calientes y cáncer de esófago provenía de Asia, África, Medio Oriente y América del Sur, regiones donde existen tradiciones de consumo de infusiones a temperaturas extremadamente elevadas. Este nuevo análisis muestra que la asociación también aparece en una gran población occidental.
Los autores sostienen que la temperatura y la frecuencia de consumo deberían considerarse factores relevantes para la prevención. “Este amplio estudio realizado en adultos del Reino Unido aporta evidencia clara de que la temperatura y la frecuencia de consumo de bebidas calientes son objetivos relevantes para la prevención del carcinoma escamoso de esófago”, concluyeron.
El trabajo incluye además una estimación de impacto sanitario. Los investigadores calcularon que alrededor del 14% de los casos de carcinoma escamoso de esófago podrían evitarse si las personas que consumen bebidas muy calientes redujeran su temperatura a niveles más moderados.
Aun así, los autores destacan que se trata de un estudio observacional. La temperatura de las bebidas fue declarada por los propios participantes y no medida directamente con instrumentos. Por lo tanto, los resultados muestran asociaciones estadísticas sólidas, pero no prueban por sí solos una relación causal definitiva.
La hipótesis biológica más aceptada es que el calor repetido puede producir daño crónico sobre la mucosa del esófago. Con el tiempo, esa agresión térmica favorecería procesos inflamatorios y alteraciones celulares que aumentarían el riesgo de cáncer. Estudios previos habían sugerido ese mecanismo, pero esta investigación aporta una de las evidencias prospectivas más robustas obtenidas hasta ahora en una población de gran tamaño.
Más allá de que se trate de té, café, mate u otra infusión, la temperatura parece desempeñar un papel central. Al menos para este tipo específico de cáncer de esófago, el riesgo no estaría determinado principalmente por qué se toma, sino por cuán caliente se consume y en qué cantidad.
Qué pasa con el mate
Por su parte, la relación entre el mate y el cáncer de esófago lleva décadas siendo estudiada en América del Sur. Uno de los trabajos más importantes fue publicado en 2014 en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention y reunió datos de dos grandes investigaciones realizadas en la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con 1400 casos de carcinoma escamoso de esófago y 3229 personas del grupo de control. Los autores encontraron que el riesgo aumentaba a medida que crecía el consumo acumulado de mate.
Pero el hallazgo más importante fue que la temperatura parecía desempeñar un papel determinante. Quienes consumían mate a temperaturas consideradas “muy calientes” presentaban un riesgo significativamente mayor que quienes lo tomaban tibio o caliente. Los investigadores concluyeron que la intensidad del consumo y el calor actuaban como factores independientes, aunque el riesgo aumentaba especialmente cuando ambas condiciones se combinaban.



