
El local de Liliana Laferrere, ubicado en el kilómetro 179 de la Autovía 2, a mitad de camino entre la ciudad y Mar del Plata, vende esos frutos y sus derivados, pero también otros productos orgánicos; un emprendimiento que cada vez es más visitado
CASTELLI.– La primera tanda que cosechó la llevó a un acopiador que le pagaba poco y nada. Por eso, probó con carteles en la ruta, a menos de 1000 metros de la chacra. “Arándanos frescos”, decía y marcaba con una flecha para orientar el sendero. “Volví, me bajé de mi auto y en la tranquera ya tenía tres familias esperando para comprar. Fue la señal”, cuenta Liliana Laferrere, que sin querer encontró un camino de comercialización directa de su producción y dio el primer paso hacia la posterior apertura de una de las nuevas y atractivas escalas que la Autovía 2 propone a los viajeros.
