
Estos emprendedores impulsan un circuito que va desde casas de té hasta viveros; la organización y el sentido de comunidad, la clave de este colectivo
Es el momento de reivindicar a las plantas nativas. “A nuestras propias flores, les decimos ‘yuyo’. Eso no puede pasar: tiene que cambiar”, dice Cristina Gil Giraldez, dueña de la casa de té y restaurante El Retoño (en María Auxiliadora 595, Uribelarrea). De su mano, y de la de un notable grupo de estoicos agroproductores, en este confín del conurbano, bien al sur, partido de Cañuelas, se fue conformando un singular y meritorio grupo: el Colectivo Agroecológico Uribelarrea, que pronto estará organizado por cartelería y mapas, para que la gente pueda acceder con mayor facilidad y solvencia a sus lugares.
