
En Manzanares, una casa fundada en 1902, que antes fue posta y almacén de ramos generales, hoy alberga a las creaciones culinarias de una mujer resiliente, Pachu Jordán, que se reconstruyó a partir del amor a su vocación
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Allá, chiquita y tímida, esa mujer nos recibe con una sonrisa franca; alejada de los brillos del gastro-show-business, perdida –pero también reencontrada– en la esquina más antigua del pueblo de Manzanares –en Manzotti 213, partido de Pilar–: de boca en boca corrió el rumor sobre “un alma buena” que lidera a su equipo a pura palmada y beso, y ellas –sus chicas– saben reconocerla cuando asumen que todo, desde el primer huevo hervido en su punto justo, lo aprendieron de Pachu Jordán.
