
San Antonio de Padua es un islote poco común en ese municipio del oeste bonaerense, donde la generación dorada convive con una vejez activa; bares y comercios históricos congregan la actividad comunitaria
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La llegada al segundo cordón del conurbano bonaerense se da en un fin de primavera menos cálido de lo normal, a pleno sol y a ritmo lento, con el entusiasmo de estar rumbo a “la perla de Merlo”, reconocida por su 4,86% de pobreza, que la vuelve una ciudad próspera y receptiva. Padua, la de la gente trabajadora; comerciantes y profesionales de todos los rubros con consultorio a la calle. Sitio de poco verde, como revela un bombero de amabilidad extrema; en el partido de Merlo ya no queda casi nada de campo.
