Soy médica: estas son las razones por las que no me haría una resonancia magnética de cuerpo entero
Las celebridades las promocionan, pero no estoy convencida de que una persona de riesgo promedio las necesite o deba gastar dinero en una
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WASHINGTON.- Veo constantemente a personas promocionando resonancias magnéticas de cuerpo entero electivas en las redes sociales y pensé en hacerme una para tener algo de tranquilidad. Tengo un riesgo promedio y no presento síntomas. ¿Es una buena idea?
Voy a ser honesta. Yo también sentí la tentación de hacerme una resonancia de cuerpo entero. Como médica en formación especializada en oncología, me recuerdan constantemente el aumento de las tasas de cáncer, particularmente en personas menores de 50 años, como yo. Y en las redes sociales parece que un influencer o una celebridad tras otra se anotan para un estudio que promete buscar afecciones que van desde enfermedades cardíacas hasta osteoartritis y cáncer. Un video de TikTok sobre una visita a un resonador comenzó a parecer tan habitual como los tutoriales de maquillaje o las compras en Target.
Si todas estas personas famosas se las hacen, ¿usted también debería gastar dinero en una? Parte de lo que vuelve atractiva a una resonancia magnética como herramienta de detección es que no utiliza radiación ionizante, como otros estudios por imágenes, por ejemplo la tomografía computada (TC), lo que hace que parezca especialmente libre de riesgos. Pero hay otros posibles efectos posteriores que me preocupan.
En este momento, para una persona sana y sin síntomas específicos, simplemente no existe suficiente evidencia para afirmar que los beneficios de una resonancia magnética de cuerpo entero justifiquen los costos astronómicos —como se trata de estudios electivos y no cubiertos por prepagas, pueden costar desde cientos hasta miles de dólares, según la empresa y el protocolo— y los riesgos potenciales. De hecho, el Colegio Americano de Radiología recomienda expresamente no realizar estudios de cuerpo entero a personas sin síntomas clínicos, factores de riesgo o antecedentes familiares que sugieran la presencia de una enfermedad o lesión subyacente.
Es cierto que estos estudios pueden detectar cáncer y otras afecciones. Una revisión científica reciente mostró una tasa de detección de cáncer confirmado del 1,57%, una cifra difícil de interpretar de manera aislada, aunque incluso superior a la de algunas pruebas recomendadas, como las mamografías. Pero existe una diferencia fundamental: hasta ahora no hubo ensayos clínicos aleatorizados rigurosos ni otros estudios que demuestren que las resonancias de cuerpo entero salven vidas, como sí sucede con las mamografías.
Más allá de la falta de evidencia, hay otras tres razones por las que no me haría una resonancia magnética de cuerpo entero y no la recomiendo para la gran mayoría de las personas.
Carecen de detalles importantes
Lo que la mayoría de las personas desconoce sobre los estudios de “cuerpo entero” —y lo que el marketing suele omitir— es que en realidad no son estudios completos de todo el cuerpo. De hecho, ni siquiera existe una definición médica estricta de qué constituye exactamente una resonancia magnética de “cuerpo entero”, aunque hay especialistas que impulsan una estandarización. En la práctica, suelen escanear desde el cráneo hasta los muslos, aunque eso puede variar.
Además, que una zona esté incluida no significa necesariamente que sea evaluada con gran nivel de detalle. Por ejemplo, una resonancia magnética de cuerpo entero no permite observar adecuadamente los intestinos o las mamas. Un estudio dirigido a esas regiones —o una colonoscopia en el caso de los intestinos— está diseñado específicamente para detectar incluso anomalías pequeñas o sutiles.
Esto significa que, si bien una resonancia de cuerpo entero podría identificar lesiones grandes y evidentes, puede pasar por alto anomalías menos visibles, incluidos algunos cánceres avanzados.
Para ponerlo en perspectiva, el cáncer colorrectal, es decir, el cáncer del intestino grueso, es el cáncer que más está aumentando entre las personas jóvenes y una resonancia magnética de cuerpo entero podría no detectarlo.
Pueden generar una falsa sensación de seguridad
Como médica en formación especializada en oncología, uno de mis mayores temores es que las personas interpreten una resonancia limpia como un certificado de buena salud. Me preocupa que eso lleve a ignorar síntomas o a dejar de realizarse otras pruebas de detección respaldadas por evidencia sólida, bajo la idea de que ya está todo controlado.
Por ejemplo, las mamografías demostraron reducir la mortalidad por cáncer de mama. En cambio, las resonancias de cuerpo entero no permiten una buena evaluación del tejido mamario. Si alguien decide hacerse una resonancia, es importante que no deje de lado las pruebas recomendadas que cuentan con décadas de evidencia científica.
Además, hay que tener presente que estos estudios pueden equivocarse. Una demanda de alto perfil actualmente en curso sostiene que una empresa dedicada a este tipo de estudios pasó por alto alteraciones en los vasos sanguíneos de un hombre que indicaban un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Ocho meses después del estudio, el paciente sufrió un ACV.
Podrían conducir a estudios excesivos
Cuando comenzamos a examinar grandes cantidades de adultos sanos sin síntomas, aumentan inevitablemente los falsos positivos, los resultados indeterminados y el sobrediagnóstico.
El sobrediagnóstico implica detectar afecciones que probablemente nunca generarían daño. Un ejemplo sería encontrar un pequeño cáncer papilar de tiroides, que generalmente crece muy lentamente —si es que crece— y tiene pocas probabilidades de producir síntomas o provocar la muerte.
Estos hallazgos pueden desencadenar estudios adicionales y procedimientos innecesarios, incluyendo tomografías computarizadas que utilizan radiación o procedimientos invasivos como biopsias, que también tienen riesgos. Además, suelen generar ansiedad innecesaria y consumir cantidades importantes de tiempo y dinero.
Lo que recomiendo en su lugar
Esto es lo que recomendaría en lugar de una resonancia magnética de cuerpo entero para una persona asintomática y con riesgo promedio que quiera ser proactiva con su salud:
- Realizar las pruebas de detección recomendadas para la población general, como Papanicolaou, mamografías y colonoscopias, todas respaldadas por evidencia de alta calidad y con eficacia demostrada para prevenir o detectar tempranamente distintos tipos de cáncer. También conviene consultar con el médico si corresponde realizar controles para cáncer de próstata.
- Realizar controles de glucemia elevada, que puede ser una señal de diabetes tipo 2, y mantenerse al día con los estudios de colesterol, ya que la acumulación de placa aumenta el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y demencia.
- Conocer los antecedentes familiares y conversar con el equipo médico sobre el riesgo personal y genético para determinar si se recomiendan estudios adicionales. Como tengo antecedentes familiares significativos de cáncer de mama, incluidos casos diagnosticados a edades tempranas, mis médicos me recomendaron comenzar con estudios de alto riesgo diez años antes de lo indicado para la población general. Y seguí esa recomendación con gusto.
- Consultar ante cualquier síntoma nuevo o preocupante para que pueda evaluarse y definirse cuál es el estudio diagnóstico más adecuado.
Entiendo por qué tantas personas buscan estudios de cuerpo entero. Vivimos en una época de auge de las tecnologías aplicadas a la salud y de una fuerte búsqueda de longevidad. Además, resulta inquietante pensar en la posibilidad de tener una enfermedad grave sin saberlo, especialmente en un momento en que las tasas de cáncer están aumentando entre las personas jóvenes.
Sin embargo, hay algunas advertencias importantes.
Las recomendaciones sí contemplan el uso de resonancias magnéticas de cuerpo entero en determinados síndromes hereditarios de alto riesgo, como el síndrome de Li-Fraumeni, en el que las personas tienen una probabilidad excepcionalmente elevada de desarrollar cáncer en distintas partes del cuerpo. Estos estudios también pueden resultar útiles para pacientes que ya tienen determinados diagnósticos oncológicos y en algunas situaciones médicas muy específicas que no están relacionadas con el cáncer.
Pero en esos casos el estudio suele ser solicitado por el equipo médico tratante y no por iniciativa propia como un chequeo electivo.
La conclusión es que, en 2026, no creo que exista evidencia suficiente para justificar los riesgos en una persona con un riesgo promedio de desarrollar cáncer.
¿Imagino un futuro en el que las resonancias de cuerpo entero puedan recomendarse, quizás junto con análisis de sangre especializados? Es posible.
No estoy diciendo que nunca vayan a tener un papel más extendido en la práctica médica. Pero necesito ver evidencia mucho más rigurosa sobre sus resultados a largo plazo antes de recomendárselas a mis pacientes.
Netana Markovitz es médica certificada en medicina interna y actualmente realiza una especialización en hematología y oncología en el Beth Israel Deaconess Medical Center.
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