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La advertencia de Nepal: el riesgo latente en El Chaltén y otros puntos glaciales de la cordillera argentina

El desprendimiento de un glaciar en Nepal provocó un sismo y un aluvión que destruyó parte de un pueblo; en la Argentina, los expertos monitorean un riesgo similar

En El Chaltén, el lago Torre es monitoreado ante la posibilidad de un desborde que podría afectar parte de la localidad y su principal acceso

El desprendimiento de un glaciar en Nepal provocó un sismo y un aluvión que destruyó parte de un pueblo; en la Argentina, los expertos monitorean un riesgo similar

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Los glaciares son estables, pero sensibles. Cualquier cambio, por ínfimo que sea, puede generar una reacción en cadena que sacuda la corteza terrestre y destruya todo a su paso. Eso sucedió en Nepal el 26 de agosto pasado, a las 8.45, cuando un bloque sustancial de un glaciar se desplomó 1500 metros sobre un angosto valle, provocando un sismo de 5,2 grados en la escala de Richter. Uno que condujo esa mezcla de agua y rocas de consistencia parecida al cemento fresco hacia Timure, un pequeño pueblo en el distrito de Rasuwa, que bordea la frontera himalaya entre Nepal y Tíbet.

No era la primera vez que se formaban aluviones en aquel sitio, aunque esta vez la intensidad desbordó cualquier noción de prevención. La causa puntual del desprendimiento se desconoce y organizaciones como World Weather Attribution aún no confirman si el cambio climático pudo o no tener influencia en la agónica fragmentación de este glaciar. Sin embargo, es casi un consenso entre los especialistas consultados por LA NACION que la temperatura creciente del planeta afecta a estos pedazos de hielo, los debilita y los derrite.

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Tragedia en Nepal

“Desde hace ya varios años se hacen trabajos de investigación que vinculan el calentamiento de la temperatura global con la desestabilización de los glaciares. Puede ser que la temperatura promueva el derretimiento o que llueva en lugar de nevar”, señaló Mariana Correas González, doctora especializada en riesgos glaciales e inundaciones en zonas de montaña e investigadora asistente del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla).

La situación de los glaciares argentinos

Varias instituciones nacionales e internacionales han advertido sobre el rápido derretimiento de los glaciares. MapBiomas registró que el 42% de los glaciares andinos ya desaparecieron. Y según datos del Ianigla, del Conicet, la cantidad de hielo que los glaciares argentinos pierden por año podría abastecer a todos los argentinos por un año y medio.

En la Argentina hay unos 16.000 glaciares a lo largo de toda la cordillera. La mayoría se encuentra en las provincias de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Mendoza y Chubut. Durante mucho tiempo crecieron en tamaño, pero los datos del Inventario Nacional de Glaciares muestran que en 1990 empezaron a retroceder sostenidamente y cada vez lo hacen más rápido. Según Lucas Ruiz, geólogo especializado en glaciología, la reducción se observa especialmente en el sur de la Patagonia.

La tragedia ocurrida esta semana en Nepal no es exclusiva de los glaciares del Himalaya. En realidad, en cualquier lugar con montañas, glaciares y gente existe un riesgo de que ocurran tragedias similares. En la Argentina ha habido varios aluviones de menor envergadura a lo largo de la cordillera de los Andes. Correas González explicó que tanto en El Chaltén como en el cerro Tronador e incluso en Mendoza ha habido varios eventos registrados durante los últimos 100 años.

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Ninguno se pareció en intensidad a lo que sucedió en Nepal; sin embargo, los estragos se generaron. Correas González aclara que, hasta donde se sabe, casi ninguno de los glaciares del país representa un riesgo para la población argentina. La excepción la hace uno de los glaciares más famosos del país, ubicado junto a una pequeña localidad de casi 3000 habitantes. El nombre del pueblo es El Chaltén y el riesgo es que se desborde el lago Torre, un cuerpo de agua glacial que se encuentra a nueve kilómetros de las viviendas.

Esto fue revelado por investigaciones encabezadas por Diego Winocur y Daniela Schmidt, especialistas del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” de la Universidad de Buenos Aires y del Conicet. Desde poco más de diez años se acercaron a la localidad para alertar sobre el cuerpo de agua que cada vez se hacía más grande.

Después y antes: un comparativo del lago Torre en 2026 y en el 2000
Después y antes: un comparativo del lago Torre en 2026 y en el 2000Daniela Schmidt y Diego Wincour

“Estamos pegados al Parque Nacional Los Glaciares. Y estamos pegados a la tercera masa de hielo continental del mundo. Todos los valles ahí fueron formados por los glaciares. El pueblo se encuentra en la confluencia de dos ríos: el río de las Vueltas y el río Fitz Roy”, explicó Eduardo Marino, de la organización Amigos del Parque Nacional Los Glaciares.

A diferencia del caso nepalí, en El Chaltén el riesgo no es necesariamente de un desprendimiento, sino de un desborde. Los expertos llaman a este tipo de lagos GLOF, el acrónimo de Glacial Lake Outburst Flood, que se traduce al español como “inundación por desbordamiento de lago glacial”.

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De acuerdo con el Glacial Lake Outburst Flood Database, en la parte de la cordillera andina que divide a la Argentina y Chile se han contado 112 GLOFs desde que hay registro. Uno de los más antiguos ocurrió en 1934 y sacudió a la ciudad de Mendoza. “Se rompieron siete puentes, las vías de ferrocarril, una central hidroeléctrica a 150 kilómetros del origen del lago. En las zonas en las que el río se hacía estrecho, reportaron hasta 15 metros de altura”, explicó Correas González.

“El cerro Solo, en su ladera norte, cuando el glaciar se retiró, empezó a mostrar cicatrices de inestabilidad, a mostrar que la ladera comenzaba a tener cierto movimiento de reptación y a mostrar fisuras”, describió Marino.

Retroceso del glaciar Torre y sus efectos en el aumento del volumen del lago y del descubrimiento de las laderas
Retroceso del glaciar Torre y sus efectos en el aumento del volumen del lago y del descubrimiento de las laderasDaniela Schmidt y Diego Wincour

Estos desbordamientos se pueden dar por múltiples razones, por ejemplo, que la capacidad de resistir la presión de los muros del lago quede superada por la cantidad de agua; que el volumen de hielo sea tal que desborde la pileta de tierra, o que montículos de tierra de entre ocho y 13 millones de metros cúbicos se depositen sobre el lago Torre.

“Ante la caída de material, podría generarse una ola que sobrepase la descarga del río Fitz Roy. Se calcula que la ola sería de cuatro metros de altura”, señaló Marino y agregó que, a pesar de la magnitud recién descrita, la dinámica del fluido no se traduciría en una escena apocalíptica como la de Nepal. En especial porque los valles patagónicos son más amplios y el movimiento del agua sería menos intenso. Sin embargo, agregó: “De acuerdo con el Servicio Geológico Minero Argentino, buena parte del pueblo y el puente de acceso a la localidad podrían verse afectados”.

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Escenario uno de la trayectoria de un posible GLOF en el Chaltén
Escenario uno de la trayectoria de un posible GLOF en el ChalténDaniela Schmidt y Diego Wincour

Tanto el Instituto Geológico como Ianigla, Parques Nacionales y varios científicos de la UBA y el Conicet han monitoreado desde hace varios años este lago y han hecho cálculos de lo que puede suceder.

“No sabemos cómo va a impactar en algunos de los deltas que hay acá en el río. No sabemos qué va a pasar cuando entre a formaciones donde el río se encajona. Ahí aumentaría la presión del agua y, al salir de ese valle, podría hacerlo con mucha más violencia. Lo que sí sabemos es que, si se produce el fenómeno, tardaría en llegar al pueblo entre 45 minutos y una hora”, detalló Marino.

Prevención y monitoreo

La organización Amigos del Parque Nacional Los Glaciares funciona como un órgano coordinador del equipo de científicos y autoridades. Trabajan desde hace un par de años diseñando un mecanismo de monitoreo y tienen el objetivo de instalar un sistema de alerta temprana para que, de haber un GLOF, la población pueda evacuar de la manera más segura posible. Sería el primer sistema en el país para este tipo de eventos.

Marino lleva viviendo 20 años en el pueblo de El Chaltén y, como la mayoría de los habitantes, tiene una relación cotidiana con la montaña. “Muchos de los vecinos de la localidad van a escalar a todo este valle. Ellos fueron los que se dieron cuenta de este posible riesgo. Cuando pasaban por acá, decían: ‘Che, está cada vez peor la pasada. Se está moviendo, la grieta está cada vez más ancha’”, recordó.

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Y agregó: “Lo que está pasando es el calentamiento global en su mejor expresión. Nosotros lo vemos: temperaturas por arriba de los 2000 metros que están sobre el cero, el permafrost se empieza a derretir y en los glaciares empiezan a formarse agujeros, como los de un queso gruyère. De repente se hacen cursos de agua y después se producen estos fenómenos. El ambiente te está avisando, te está dando señales de aviso para que vos trabajes en el monitoreo”.

Los científicos Diego Winocur y Daniela Schmidt plantearon el monitoreo específico del caso de la laguna Torre, en conjunto con Amigos del Parque Nacional Los Glaciares. El 2 de septiembre habrá una nueva reunión con organismos nacionales para avanzar en el diseño de un protocolo de prevención y respuesta ante el riesgo dentro y fuera del Parque Nacional Los Glaciares y las acciones de información a la comunidad.