
Una temporada atípica: la mortandad de ballenas francas en Chubut podría ser la peor de la historia
Desde junio aparecen crías muertas en Península Valdés y el Golfo Nuevo, y en los últimos días comenzaron a varar juveniles y adultos; los científicos analizan dos hipótesis
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PUERTO MADRYN.- La temporada 2026 de la ballena franca austral en Chubut ya es considerada atípica por los especialistas. Según los registros preliminares del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), la cantidad de muertes podría superar el récord de 2012, cuando se documentaron 113 crías sin vida. El propio Gobierno de Chubut calificó la situación como un fenómeno sanitario inusual y extraordinario. Pero lo llamativo no es solo la magnitud de la mortandad: en pocos meses cambió el perfil de los animales afectados. Primero murieron los ballenatos; ahora aparecen juveniles y adultos. “Ha sido una temporada un poco atípica, hemos tenido más mortalidad de la que normalmente tenemos”, explicó a LA NACION el biólogo Mariano Coscarella, investigador del Conicet en el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Cenpat.
Los científicos trabajan con dos hipótesis principales y sospechan que se trata de fenómenos distintos. En los ballenatos, los análisis preliminares detectaron la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, responsable de la erisipela y asociada a cuadros de septicemia. En los juveniles y adultos, que hasta el momento no presentan indicios de ese cuadro bacteriano, la principal sospecha apunta a la marea roja. En octubre, las ballenas comienzan a alimentarse en el golfo antes de migrar y, al filtrar agua, pueden ingerir microalgas productoras de toxinas paralizantes. Las autoridades advirtieron que, de confirmarse esa causa, se trataría de un fenómeno natural frente al cual no es posible una intervención directa.

El inusual varamiento mantiene en alerta a los equipos científicos y a las autoridades provinciales, que intensificaron el monitoreo sanitario. El operativo está a cargo de la Red de Fauna Costera, el Plan de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, la Secretaría de Ambiente y el Ministerio de Turismo, con la participación de los municipios de Puerto Madryn y Puerto Pirámides.
Los especialistas realizan necropsias y toman muestras para estudios científicos y microbiológicos. Para profundizar la hipótesis de la marea roja, se incorporará progresivamente un esquema de muestreo de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José. Según informaron, la implementación por etapas responde a las exigencias logísticas de un operativo de esta magnitud. Solo el lunes se hallaron dos ballenas muertas en la costa de Puerto Madryn.

Según Coscarella, el equipo de la veterinaria Marcela Uhart, que lidera el Plan de Monitoreo Sanitario, trabaja sobre la hipótesis de que el fenómeno que hoy afecta a los adultos no es el mismo que provocó la muerte de las crías. Incluso en el caso de los ballenatos, la detección de la bacteria todavía no alcanza para afirmar que sea la causa de los fallecimientos.
“En temporadas pasadas las bacterias estaban, las ballenas estaban, las gaviotas estaban, y no tuvimos esta mortalidad. Algo ha cambiado”, planteó el investigador, quien recordó que 2026 es un año de El Niño y que también se registraron mortandades de ballenas en otras partes del mundo asociadas a variaciones climáticas.

La hipótesis de la marea roja tiene, además, antecedentes recientes. Entre el 24 de septiembre y el 11 de octubre de 2022 se registraron 30 ballenas francas muertas en el Golfo Nuevo: 26 adultas y cuatro juveniles. No hubo casos en el Golfo San José, donde no se habían observado ballenas alimentándose.
Los análisis realizados entonces confirmaron la presencia de biotoxinas del grupo paralizante de moluscos —saxitoxina, neosaxitoxina y gonyautoxinas— en el contenido intestinal, la orina y el hígado de los animales. Las muertes coincidieron en tiempo y espacio con una floración algal nociva y con niveles muy elevados de toxinas en bivalvos y plancton. El episodio cesó cuando la toxicidad disminuyó.

En aquel momento, el director científico del ICB, Mariano Sironi, destacó que era la primera vez que se registraban 30 adultos y juveniles muertos en una sola temporada y en pocos días. En 2024 el fenómeno volvió a repetirse, aunque con otra escala: 71 ballenas muertas, entre ellas 18 adultas y 53 crías, por intoxicación con biotoxinas marinas.
Lo que dejó el censo
El censo aéreo realizado el 6 de septiembre por el Cesimar-Conicet contabilizó 1375 ballenas francas australes, entre ellas 409 crías, frente a las 2110 registradas en 2025. Los especialistas advierten que ambos números no son directamente comparables, aunque consideran que la cantidad de nacimientos resulta clave para calcular qué proporción de crías murió durante la temporada.

Coscarella pidió paciencia. Explicó que los resultados de laboratorio pueden demorar hasta un mes y medio y que muchas muestras no pueden analizarse porque los cuerpos son encontrados en avanzado estado de descomposición. También advirtió sobre las restricciones presupuestarias que enfrenta el sistema científico, aunque destacó que la Provincia aportó fondos para los análisis. Además, recordó que la temporada se extiende hasta noviembre, por lo que la cifra final de animales muertos todavía no está cerrada.
La ballena franca austral (Eubalaena australis) es uno de los grandes símbolos de la Patagonia. Los adultos pueden superar los 15 metros de largo y pesar más de 40 toneladas. Se distinguen por la ausencia de aleta dorsal, el soplido en forma de V y las callosidades blanquecinas de la cabeza, cuyo patrón es único en cada ejemplar y funciona como una huella digital.
Cada año, entre junio y diciembre, cientos de ejemplares llegan a los golfos Nuevo y San José para aparearse, parir y criar a sus ballenatos en aguas tranquilas y protegidas. Las hembras tienen una cría aproximadamente cada tres años, luego de una gestación cercana a los 12 meses.
Al nacer, los ballenatos miden entre 4 y 5 metros y dependen completamente de la leche materna durante sus primeros meses de vida, mientras acumulan las reservas de grasa necesarias para la migración.
Con la llegada de la primavera, madres y crías emprenden el viaje hacia las áreas de alimentación del Atlántico Sur, donde consumen pequeños crustáceos como el krill y los copépodos. Por eso octubre representa un período particularmente sensible: los animales comienzan a alimentarse antes de partir y quedan más expuestos a aquello que haya presente en el agua.
El nombre de “franca” proviene de la época de la caza comercial. Era considerada la ballena “correcta” para capturar porque nada lentamente, se acerca a la costa y flota cuando muere. Esa persecución llevó a la especie al borde de la extinción. Tras la prohibición de su caza, la población comenzó una lenta recuperación y el crecimiento sostenido de los censos en Península Valdés pasó a convertirse en una de las historias de conservación más destacadas del mundo.
En la Argentina, la ballena franca austral fue declarada Monumento Natural Nacional en 1984 mediante la Ley 23.094, la máxima categoría de protección para una especie. En 1999, Península Valdés fue incorporada por la UNESCO a la lista de Patrimonio Natural de la Humanidad, en gran medida por su relevancia como zona de reproducción de esta especie.
La región alberga además uno de los estudios de ballenas más prolongados del planeta. Desde 1970, investigadores identifican a cada ejemplar mediante fotografías de sus callosidades, lo que permitió seguir la historia de miles de individuos durante décadas. Ese registro histórico es el que hoy permite dimensionar cuánto se aparta la temporada 2026 de lo esperado.
El avistaje embarcado, con base principalmente en Puerto Pirámides, y el avistaje desde la costa en Puerto Madryn constituyen además uno de los principales motores turísticos de Chubut. Por eso, la salud de la población de ballenas trasciende la cuestión ambiental y también tiene impacto económico y social.
Las mortandades masivas no son nuevas para la especie. Entre 2003 y 2013 se registró un período con elevados niveles de mortalidad de crías, que alcanzó su pico en 2012. Entre los factores analizados entonces aparecieron los ataques de gaviotas cocineras, las floraciones de algas tóxicas y la disponibilidad de alimento en las zonas de alimentación.
Mientras avanzan los estudios para determinar las causas de las muertes, los organismos involucrados coordinan el retiro de restos y la limpieza de playas.
Desde la Provincia aclararon que las tareas de remoción observadas en distintos puntos de la costa responden exclusivamente a protocolos sanitarios y de prevención destinados a proteger a la población.
Las autoridades recomendaron no acercarse ni tocar ejemplares, estén vivos o muertos, evitar el contacto de mascotas con los animales y respetar los perímetros de seguridad establecidos durante los operativos.




