Veraneos en casa, una de las opciones

(0)
4 de diciembre de 2001  

Aunque la cuestión varía de acuerdo con la edad de los chicos, para los padres que trabajan es un verdadero desafío organizar la vida de sus hijos cuando ellos no están. Con todo, no es imposible.

Adriana Cacase es psicóloga y trabaja de 9 a 16, de lunes a viernes. Algunos días atiende en su consultorio hasta las 21. Tiene dos hijos -Fernán, de 6 años, y Julián, de 7-, a los que, en época escolar, deja en el colegio poco antes de las 8. Su esposo trabaja por cuenta propia. Eso le permite manejar sus horarios y colaborar activamente en el cuidado de los chicos.

Una señora que trabaja en su casa busca a los chicos en el colegio. Cuando ella no puede, la salvan su mamá o su marido. "Siempre trato de organizar con mi marido para que no queden agujeros y los chicos no estén solos, pero corro todo el día y vivo prendida al teléfono", dice Adriana.

En las vacaciones, los chicos quedan en su casa porque tienen jardín y pileta. Entonces, le piden a la señora que vaya más temprano para cuidarlos. Otros días, ese trabajo corre por cuenta de la madre de Adriana, "para no gastar tanta plata".

"Las vacaciones son tres meses en que los chicos no van al colegio y hay que buscarles algo para hacer. Yo les invito amiguitos para que se diviertan, sin mirar la la tele todo el día", dice Adriana.

Cuando se cuidan entre ellos

Luis y Laura Cañete trabajan y tienen cinco hijos de entre 8 y 18 años. Ella es profesora y trabaja de lunes a viernes, por la mañana, y dos veces por la tarde. El es ingeniero y está todo el día en la Capital. Durante las vacaciones, mientras ellos no están, sus hijos se quedan solos. Los más grandes -Mariana, de 18 años; Juan Pablo, de 16, y Florencia, de 14- cuidan de los más chicos: Ana Clara, de 11, y Simón, de 8.

Cocinan ellos mismos y se manejan sin dificultades. Cuando los dos más chicos se pelean hay problemas, pero interceden los mayores, que no pueden evitar las discusiones pero logran controlar la situación.

Hace algunos años quedaban a cargo de una señora. En el tiempo que llevan quedándose solos no hubo problemas graves, aunque sí algunas sorpresas.

Una vez, a los más chicos se les ocurrió vestirse como momias y gastaron toda la cinta adhesiva que había en la casa. Otra vez jugaron al tatetí, pero sobre las paredes. Según Laura, sus hijos son un verdadero "peligro" cuando se les ocurre limpiar: "Realmente todo queda limpio, pero puede pasar cualquier cosa".

Laura sólo recordó un susto: fue cuando sus hijos la llamaron al trabajo para decirle que creían que habían entrado ladrones. Los chicos estaban en la planta superior de la casa y escucharon ruidos que venían de abajo. Cuando Laura llegó, advirtió que el ruido había sido producto de la caída de un cuadro pequeño. Cuando subió, encontró a los cinco chicos con palos de hockey en la mano, listos para pegarles a los supuestos ladrones.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.